Mi hijo es deportista: cómo ayudarle

Seguro que muchos de vosotros tenéis hijos que practican algún tipo de deporte, lo cual no sólo es sano y saludable, sino también aconsejable. Sin embargo, hay que dejar claras una serie de premisas si queremos que la actividad deportiva sea algo complementario y beneficioso para el niño, lejos de convertirse en una exigencia, una obsesión e, incluso, en un drama. Y es que el deporte debe ser algo gratificante para el niño, y no una carga pesada.

En este sentido hay que subrayar que el apoyo familiar es clave para el deportista, aunque sin confundir implicación con presión, sobre todo cuando hablamos del sector infantil. ¿Qué podéis hacer como padres? Aquí tenéis algunos consejos que os vendrán bien:

-Planificar bien el tiempo

El estudio no se puede dejar de lado por ningún deporte. Recordad cuáles son las prioridades. Hay tiempo para todo y, si algún día no lo encontramos, se ha de elegir en consecuencia. Los niños suelen priorizar en las actividades que les resultan divertidas y el padre no debe dejarse llevar por las ganas de que su hijo entrene más y sea el mejor.

-La importancia de inculcarles el hábito

Es más importante “crear” atletas, que no futbolistas. Es decir, es más importante inculcar el hábito de hacer deporte que no el que solo se dedique a un deporte en concreto a modo obsesión. Para ello es básico que la prioridad sea la diversión. De hecho, muchos niños acaban abandonando el deporte por falta de diversión, provocada por la presión que ejercen los progenitores ante el deporte.

Los niños ya de por si son competitivos, si además los adultos  potenciamos este comportamiento no les estamos favoreciendo en absoluto.

-Demasiadas instrucciones bloquean

Hay niños que aún no han aprendido las tablas de multiplicar en el colegio pero ya reciben una infinidad de instrucciones técnicas en el deporte. Con esto los entrenadores y padres solo consiguen bloquearle; el niño no comprende tantas instrucciones seguidas.

-No criticar sus errores

Los niños se frustran con bastante facilidad, y más si son los padres los que los están corrigiendo. En el ámbito deportivo acaban fracasado cuando reciben constantes críticas, pierden la confianza en si mismos. Es esencial que  el niño sienta el apoyo de sus padres en todo momento, tanto si las cosas van bien como si no.

-Hay más temas de conversación:

La actividad deportiva no puede ser el único tema de conversación, ya que nuestros hijos se sentirán presionados y obligados a tener que hacerlo bien porque saben que los padres le dan mucha importancia a ese factor. Y si para el niño el deporte empieza a convertirse en algo negativo no le está favoreciendo absolutamente en nada. La práctica deportiva ha de sumar

-Ser un ejemplo para los pequeños

Si los padres desprestigian a los entrenadores, árbitros… los niños adquieren este mal hábito de no respetar y de echar las culpas a los demás de las derrotas. Esta es una consigna básica que, demasiado a menudo, muchos padres descuidan e ignoran. ¡No lo hagáis vosotros, por favor!

El sueño: un hábito necesario

Esta semana se ha celebrado el Día Mundial del Sueño. Para los niños, y también para los mayores, el sueño es un capítulo esencial en la vida a fin de poder descansar cuerpo y mente, así como permitir al cerebro reordenar toda la información que hayamos ido procesando a lo largo del día.

¿Cuándo deben dormir los niños?

En el caso de los más pequeños, todavía se hace más importante el dormir. De hecho, un recién nacido duerme un total de 16 horas diarias, en 6 – 8 episodios de sueño de 4 horas cada uno, con periodos intercalados de vigilia. Así, el recién nacido no respeta la noche, despertándose una o varias veces a lo largo de la misma.

Entre los 2 y los 4 años duermen por la noche unas 10 horas, más las dos siestas habituales. A partir de los tres años de edad va disminuyendo la “necesidad” de dormir durante el día, hasta prácticamente desaparecer antes de los seis años. De los 5 a los 10 años de edad, el sueño alcanza un grado de madurez suficiente como para permitir la comparación con el adulto.

Pasados los 7 años, no es habitual que el niño necesite dormir la siesta. Si ocurre, lo más probable es que por la noche duerma menos de lo que necesita o que padezca de algún problema durante el descanso nocturno. Y a partir de la adolescencia, el número de horas de sueño disminuirá hasta un promedio de 7 a 8 horas, que podría ser insuficiente ya que se produce un incremento de la somnolencia diurna, que ha llevado a pensar que las necesidades totales de sueño no disminuyan sino que aumenten durante la adolescencia.

¿Cuándo debemos sospechar un problema de sueño en un niño?

Las necesidades de sueño varían considerablemente. No hay un patrón de sueño homogéneo aunque si le cuesta regularmente conciliar el sueño o mantenerlo a lo largo de la noche o si se encuentra cansado y soñoliento durante el día, se debe sospechar la existencia de un problema de sueño o de los hábitos que conducen a éste.

Entre las causas más habituales están los malos hábitos (los niños necesitan de la rutina para desarrollarse, ya que ésta les ofrece seguridad), el estrés (Debido a horarios irregulares, sobre activación, problemas familiares, miedos infantiles o ansiedad de separación…), la realización de siestas largas por la tarde, la falta de seguridad (pueden llegar a tener miedo de la oscuridad o de criaturas imaginarias situadas en las esquinas oscuras del dormitorio), etc.

La autoestima de los niños: Cómo mejorarla

Mejorar la autoestima de los niños, ayudarles a adquirir más seguridad emocional es uno de los aspectos más importantes pero a la vez complicados para los padres y educadores. Un niño, sobre todo a temprana,  siente miedo e inseguridad en muchas situaciones, ya que sus sensaciones y emociones son muy intensas. Por este motivo, a menudo nuestros pequeños, ante cualquier situación cotidiana (para nosotros, pero extraña para ellos), los niños vuelven buscando a sus padres cuando está asustado, cansado o necesitado.

De hecho, y especialmente cuando son pequeños, les cuesta mucho estar en un lugar nuevo sin tener una base de seguridad (sus padres). Sin su base de seguridad, los niños se vuelven serios y discretos, son poco activos y muestran poco interés por explorar. Al sentirse inseguro, el niño intenta evocar a sus padres a través de la memoria y la imaginación. Los niños pequeños aún no son conscientes de que sus padres volverán.

Desde el blog de Xiquets.net, la revista de las familias de La Marina, os ofrecemos una serie de consejos que podéis seguir para contribuir a su formación y educación desde el punto de vista emocional. Algunos de ellos son:

-La observación: Entender la importancia que tiene poder aprender a observar a nuestro hijo, conocerlo y entender su personalidad y sus conductas. Nada aporta más seguridad que poder ser capaz de pensar por uno mismo y resolver situaciones. Es deseable que un niño sea obediente, por múltiples razones: por su propia seguridad, porque debe respetar normas y convenciones, porque necesita auto limitarse para poder vivir en sociedad, etc.

-Interacción y escucha activa: La visión de los padres y madres influyen directamente en la autoestima de los niños. De ahí, la importancia de creer en tu hijo y demostrarle que es un ser valioso y amado por su familia. Mirarlo y escucharlo con atención cuando habla de lo que desea, de lo que le pasó en el día, de sus intereses y actividades.

-Reconocer sus emociones. Este punto está directamente relacionado con los dos anteriores. Ayudarlo a poder reconocer y expresar sus emociones de tristeza, enojo, miedo y alegría.

-Criticar la conducta, no al niño. Ante la crítica o el error,  marcar la conducta del niño, y no al niño. Cuando disciplines a tu hijo, tiene que quedar claro que lo que te enfada es su mal comportamiento, y no su persona. Nunca le pegues, ni le insultes ni le grites con agresividad.

-La importancia de los refuerzos positivos: Marcar errores no es nuestra única función como madres en la puesta de límites. Hay que aprender a felicitar y reforzar, no sólo castigar y aplicar penitencias.

-Enseñarles a manejar la frustración. Enseñarle a los niños desarrollar su tolerancia a la frustración, y explicarles que cometer errores es algo normal en los seres humanos.

-Establecer metas y objetivos alcanzables. El perfeccionismo y la exigencia de los padres también son internalizados por los niños, quienes se angustian cuando la expectativa puesta en ellos es más de lo que pueden dar.

-Y, por último, enseñarles a tomar decisiones. Esto fomentará su independencia, porque aprenderá que elegir algo implica renunciar a otra cosa y a correr algún riesgo, y sabrá cómo afrontarlo.

¿Niños sobreprotegidos?

Coincidimos todos en que nuestro hijo necesita sentirse querido y cuidado. Sin embargo, si se le protege en exceso, se le puede perjudicar más que beneficiar. De hecho, hay padres que desconocen lo que se le puede exigir al niño y fomentan conductas más infantiles de lo que le corresponde por su edad.

En otras ocasiones, no dejan que el niño haga determinadas cosas porque a ellos, evidentemente, les sale mejor y lo hacen en menos tiempo. Otros piensan que es mejor hacerles la vida más fácil y procuran anticiparse a cualquier necesidad y demanda de su hijo antes de que él mismo lo pida. Los hay que prefieren evitar enfrentamientos porque no les resulta fácil mantenerse con firmeza en situaciones estresantes o incluso simplemente porque el niño tiene una cara encantadora que camela.

Y si le sobreprotegemos demasiado…

Si en lugar de apoyar al niño, sugerirle y guiarle para que aprenda por sí mismo, le imponemos, vigilamos y le damos todo solucionado, lejos de ayudarle a crecer, el niño tendrá un escaso desarrollo de sus habilidades y adoptará una postura de pasividad y comodidad, ya que interiorizará que sus padres, de los que tendrá una gran dependencia, siempre están dispuestos a ayudarlo. Su autoestima será baja y tendrá poca seguridad en sí mismo, creyéndose incapaz de resolver sus dificultades. Le costará mucho tolerar frustraciones, posponer las gratificaciones y no sabrá valorar lo que tiene.

Otra consecuencia de esta sobreprotección que es nuestro  hijo rehuirá los problemas en vez de tratar de enfrentarse a ellos y no sabrá cargar con las consecuencias de sus propios actos… En resumen, será una persona inmadura y débil que podrá dejarse llevar con más facilidad por las malas amistades o por el ambiente que le rodea.

Si supiéramos lo importante que es para el desarrollo de su personalidad que los niños logren hacer las cosas sin ayuda, les dejaríamos actuar solos en más ocasiones. Cuando el niño nos pida ayuda, lo esencial es darle las sugerencias con las que solucionar el problema él mismo, con sus propios recursos.

Es normal que el niño cometa errores, pero no nos anticipemos para evitar el tropiezo. Lo positivo es hacerle ver que cada vez le van saliendo mejor las cosas.  Si se quiere realmente ayudar al niño, hay que preguntarle a él si nos necesita y, en el caso de que reclame nuestra ayuda, conviene averiguar qué es lo que realmente precisa. Hay que tomarse el tiempo necesario para permitir que el niño se desenvuelva solo.

La conclusión es que no se puede mantener al niño permanentemente en un invernadero, convirtiéndolo en el centro de todas las atenciones y ocultándole de todos los peligros. Los padres tienen que dejarle evolucionar para no entorpecer su desarrollo.

Los niños y las redes sociales: Qué utilizan, cuánto tiempo y a qué edad

El uso de las redes sociales en los niños y adolescentes se ha incrementado exponencialmente en los últimos años gracias al desarrollo de nuevas plataformas sociales y a las nuevas funcionalidades de las redes ya existentes. En la actualidad, los menores destinan, diariamente, más de 3 horas de su vida a realizar cualquier acción en sus perfiles sociales. Además, la frecuencia de conexión de una cuarta parte de ellos, es de más de 10 veces al día (muy superior en redes sociales como WhatsApp).

La edad media de inicio al mundo de Internet se establece en 7 años. Los niños empiezan a necesitar sentirse parte de un grupo social cuando son un poco más mayorcitos. Por ello, pasan más tiempo conectados en redes sociales tratando de interactuar con sus amigos o seguidores que, comiendo, durmiendo o estudiando, por ejemplo. Tienen la necesidad de hacer amigos, y para ello chatean, envían fotos, mensajes y vídeos, descuidando en muchas ocasiones su intimidad.

La configuración de los perfiles

Las estadísticas dicen cerca del 25% configura su perfil en modo público, es decir, sin ningún tipo de restricción. Y tres de cada diez hace visible el nombre de su escuela. Además, cuánto más mayores son, más datos aportan todavía. Así es como el 90% de los más jóvenes comparte su número de teléfono y un 10% su el nombre de su ciudad.

¿Qué redes sociales son las más populares?

En cuanto a las redes sociales más utilizadas, por niños y adolescentes, destacan las conocidas Instagram, WhatsApp y YouTube. También está teniendo cada vez más aceptación Snapchat (aplicación móvil de mensajería instantánea en la que las fotos y videos pueden ser visualizados durante 10 segundos para, a continuación desaparecer.)

Sin duda son los Smartphone los dispositivos por excelencia para el uso de redes sociales en los niños y adolescentes. La portabilidad de tales dispositivos ha favorecido al aumento de la frecuencia de navegación en redes sociales entre los más pequeños, también por sus necesidades de aceptación social.

Evidentemente, prohibir por completo el uso de las redes sociales no es la mejor solución en este mundo globalizado donde internet y los móviles manda, aunque restringirlo o, cuanto menos, establecer unos límites o controles será conveniente cuando hablamos de menores.

Navegar seguros en la Red

Recientemente se ha celebrado en toda Europa el denominado Día de la Internet Segura, un evento promovido por la red INSAFE/INHOPE con el apoyo de la Comisión Europea, que se celebra cada mes de febrero con el objetivo de promover un uso seguro y positivo de las tecnologías digitales, especialmente entre niños y jóvenes.

La razón queda justificada si nos atenemos a las cifras, cuando hablamos de menores: El 64% de niños entre 2 y 8 años posee un dispositivo propio con el que puede conectarse a la red, con predominio de la tablet (38%) frente al smartphone (26%), y un 52% lo utiliza a diario, como se extrae de una encuesta realizada por Lingokids.

En cuanto al tiempo que dedican en cada sesión, el 54% de los niños emplea entre 30 y 60 minutos al día, y un 32% afirma destinar más de una o dos horas. En el cómputo semanal, un 43% de estos menores pasa más de 6 horas con dispositivos móviles, y un 32% entre 4 y 6 horas semanales.    Por tipo de contenidos, un 29% de los niños accede a Internet para ver vídeos de YouTube, seguido de los que se conectan para ver películas y dibujos animados (23%).

Estos datos evidencian la necesidad de proteger la seguridad y privacidad en internet de niños y adolescentes, a los que los expertos desaconsejan airear públicamente todos sus datos personales por los riesgos que les puede acarrear. Asimismo, tanto para ellos como para sus padres, se recomienda seguir una serie de pequeños “trucos” para disfrutar de las redes sociales de forma segura. Entre otros, usar siempre la identidad real en la plataforma y denunciar a los que no lo hagan, escoger bien a los amigos, crear contraseñas difíciles, alertar de los contenidos abusivos o iniciar y cerrar las sesiones de forma segura.

Pero el principal de todos ellos es no subir imágenes ni compartir fotos, especialmente con imágenes que pueden resultar comprometidas o subidas de tono, ya que la red es un refugio para muchos pederastas, que aprovechan cualquier motivo o excusa para intentar contactar con los menores y aprovecharse de ellos.

También es aconsejable que conozcan qué está permitido en la red y qué puede constituir delito, así como conocer los sistemas de protección digital y saber cómo salvaguardar su identidad digital pese a las continuas demandas de información y datos de contacto que recibimos cuando navegamos.

Cómo saber si tu hijo es adicto a los videojuegos…

Si no todos, una gran cantidad de niños, adolescentes y jóvenes han jugado o juegan periódicamente a los videojuegos. Recientemente la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha incluido la adicción a los videojuegos como una enfermedad, en concreto como una patología de tipo mental, lo que debe alertarnos sobre el peligro real de estos dispositivos electrónicos y audiovisuales.

Es cierto que jugar a los videojuegos no implica necesariamente que nuestro hijo esté enganchado a los mismos o que sean adictos. ¿O sí? ¿Cómo saberlo? Aquí tenéis algunos síntomas característicos que presentan con una la adicción a los videojuegos:

El principal indicador, y que se puede observar claramente, es la existencia  de un comportamiento tanto compulsivo como impulsivo, lo que se muestra jugando el niño o adolescente juega y cuando hace otras cosas distintas. En el momento en que sea incapaz de concentrarse en otra actividad y requiera el contacto con los videojuegos habremos de sospechar que podemos estar ante un adicto.

Otro signo es una irritabilidad notable en el comportamiento, lo que puede desembocar en una crisis de ansiedad y episodios agresivos. Cuando el jugador no puede conseguir su anhelo, que es jugar, puede volverse agresivo.

En tercer lugar, una falta de control a nivel social. Jugar a los videojuegos es la prioridad, por encima de los estudios, de los amigos o de otro tipo de actividades. Necesitan jugar a este tipo de juegos, ya sea con el ordenador, la videoconsola o ahora, incluso, con los móviles.

En cuanto a los efectos de este tipo de adicción, catalogado ya como enfermedad mental, se encuentran afectaciones de tipo neuronales muy importantes así como una evidente pérdida de actividades cognitivas, sin olvidar la incapacidad de comunicarse o una alta posibilidad de sufrir el fracaso escolar.

No es menos cierto que no todos los juegos son iguales, aunque muchos de ellos (para enganchar) se basan en enfrentamientos entre jugadores utilizando una realidad virtual donde la destrucción del adversario es el principal objetivo. Una temática que no ayuda en exceso a la educación y la adquisición de buenos hábitos sociales para vuestros hijos.

Tomad nota y evitar  que sea demasiado tarde. Es un consejo del blog de Xiquets.net, la web-revista de las familias de la Marina.

Mi hijo no para de jugar al Fornite: ¿Qué puedo hacer?

Seguro que habréis oído hablar del ‘Fortnite. O posiblemente estéis ‘hasta el gorro’ de escuchar a vuestro hijo mencionarlo o jugar a él. Fornite hace mención al nombre de un juego de consola que está causando furor entre niños y adolescentes. De hecho, está arrasando entre los escolares a partir de 7 años y monopoliza conversaciones, bromas, situaciones y representaciones en muchos hogares y patios de colegio.

Se trata de un juego de supervivencia, donde compiten hasta 100 jugadores en línea,  y en que solo puede quedar un jugador vivo, así que se trata de matar a todos los demás. El peligro del juego, además de su contrastado carácter violento por los contenidos y lo que representa, reside en su carácter gratuito, ya que basta con descargarlo en cualquier dispositivo para poder jugar. Además, se ha vuelto tan popular que cuenta con el apoyo de muchos famosos de todo tipo, incluidos gamers profesionales que ganan más de medio millón de euros subiendo a Youtube sus partidas.

La adicción que entraña (como podéis constatar no sólo por las conversaciones de vuestros hijos, sino también por las horas que le dedican ante la pequeña pantalla) o la agresividad que se desprende de las situaciones que aparecen en la pantalla) se añaden otros problemas derivados de este tipo de videojuegos  el tema de la Seguridad (desconocemos la identidad de muchos de los jugadores con los que pueden compartir el juego nuestros hijos por las mismas características del Fornite), el sedentarismo o la obesidad, que aparecen como efectos secundarios ocasionados por todas las horas que invierten en el (sin olvidar cuestiones como las malas posturas o el cansancio visual) y problemas de socialización (los niños ya no hablan cara a cara sino a distancia y por medio de auriculares.

Ante esta realidad, ¿Cómo pueden actuar los padres?

Lo primero que podemos y debemos hacer es limitar el uso de tiempo que emplean con la videoconsola. Para ello os recomendamos que negociéis con vuestros hijos: Se debe intentar llegar a un consenso, como dejarle terminar la partida (suelen durar una media de 20 minutos) si a cambio deja la consola sin protestar, o no la coge al día siguiente… Así verá que le entendemos, porque abandonar el juego en medio de una, significa dejar a sus compañeros en la estacada y perderán todos los puntos que hayan ganado durante ese encuentro. Eso enfadará mucho al hijo, así que mejor programamos el tiempo para advertirle que “esa partida, será la última del día”. Y todos salimos ganando.

El tema de la seguridad: Convendrá explicarles los peligros que implican compartir cualquier tipo de datos con esos jugadores desconocidos que le asocia el juego cuando no está en un equipo con los amigos.

Y, en tercer lugar, evitar las compras no deseadas. Recordad que en las consolas y móviles hay que configurar la seguridad en las compras para que los menores no puedan acceder sin permiso. Porque el juego no pone barreras. Si tienes una tarjeta de crédito activa y ninguna restricción de seguridad en la consola o en el móvil, la compra no es problema ninguno.

¿Cuándo debería comprarle a mi hijo un teléfono móvil?

Es inevitable y puede ser que también conveniente que mi hijo tenga un teléfono móvil. Ahora bien, ¿Qué uso le va a dar? Y, sobre todo, ¿A qué edad se lo compro?

Ciertamente dejarles el teléfono móvil a los niños desde muy corta edad se ha convertido en una escena muy habitual entre familias de todo el mundo. El problema, tal y como apuntan muchos pediatras, es que un teléfono no es un juguete, por lo que no pueden ni deben hacer el mismo uso de este dispositivo del que hacen con sus juegos tecnológicos.

La necesidad de socialización suele ser una de las razones para que un niño de 12 años insista en tener un teléfono móvil. Todos los amigos, o muchos de ellos, tienen uno, lo que implica que nuestro hijo también quiera el suyo para no ser menos y evitar sentirse excluido.

Esta especie de cambio social aparece justo cuando empieza la adolescencia. Y es en este punto cuando es importante analizar las razones que justifican por qué queremos darle un teléfono móvil: si realmente lo necesita o si estamos cediendo ante una presión social.

Además, la pregunta no es tanto a qué edad, sino saber qué tipo de dispositivo darle. Y siempre establecer reglas antes de suministrarle el aparato. Con un niño de 14 o 15 años es más difícil poner límites, pero con uno de 12 aún llegamos a tiempo y puede resultar más sencillo.

Por ejemplo, su primer teléfono móvil no tiene por qué tener acceso a internet. Es una característica que podemos regular desde el principio e, incluso, negociar con nuestro hijo para que sólo pueda conectarse al wifi de casa durante un determinado tiempo o franja horaria.

Asimismo también es conveniente que a determinadas horas, como las del desayuno/comida/cena, no haya ningún aparato sobre la mesa. Y que apaguen el teléfono móvil antes de irse a dormir. Los especialistas puntualizan que la luz azul del teléfono tiene un efecto negativo en las hormonas que garantizan un sueño profundo. Ningún niño puede rendir bien al día siguiente si no ha dormido bien por la noche.  Tampoco habrá que dejarle que descargue ciertas aplicaciones ni que lo utilice para jugar.

Resumiendo, os dejamos algunas pautas a seguir:

  • Dejar a un lado los prejuicios: no todos los niños son iguales.
  • Buscar el momento adecuado: no lo ofrezcas como un regalo, sino como algo que le prestas.
  • Configurar el teléfono adecuadamente: con una cuenta de usuario en la que el niño esté dado de alta como menor, de manera que necesite tu aprobación cada vez que quiera descargarse una aplicación.
  • Establecer normas y hablar más: no se trata de prohibir, sino de establecer reglas de uso y educarles en el uso de la tecnología.

La clave consiste en no darles a los niños demasiada autonomía y en educarles para que aprendan a gestionar la tecnología a la que les damos acceso.

La vuelta al cole después de Navidad

Llegó Papá Noel, el año nuevo, los Reyes Magos…y volvemos al trabajo….y al cole. Tras unos días de vacaciones, compromisos, descanso y algún que otro exceso, es hora de volver a la necesaria pero temida rutina. Nosotros, los mayores, y los peques, que regresan a la escuela. No resulta fácil y necesitarán para ello unos días de adaptación (se habla de aproximadamente 20 días), aunque si tomamos algunas medidas este proceso será más corto y sencillo para todos.

¿Cómo volver a la rutina tras las vacaciones de Navidad?
Uno de los mandamientos fundamentales es acostarse y levantarse temprano un par de días antes de la vuelta al cole para ir acostumbrando al cuerpo. También se recomienda mantener la hora del baño, que relaja a los niños antes de la cena y los prepara para meterse en la cama. Por eso, conviene a esa costumbre de duchase cuando los niños hayan terminado de jugar o de hacer los deberes, antes justo de cenar. Si lo hacéis a otra hora, también, siempre y cuando se recupere la rutina anterior a las vacaciones.

Otra de las costumbres a recuperar es evitar hacer los deberes justo el día antes de volver al cole para evitar estrés y que se acumulen los trabajos en exceso. Lo recomendable es haberlos hecho progresivamente durante las vacaciones o, al menos, no a última hora. Esta norma vale para el resto de días y semanas. La organización es fundamental para que los niños destinen parte de su tiempo libre a la realización de las tareas y deberes del cole, combinándolo con el necesario tiempo de juego o las posibles actividades extraescolares.

Otro consejo útil es ayudar a nuestro hijo a que se ordene sus cosas y acostumbre a mantener ese orden. La colocación y preparación de la mochila, hacer su cama, mantener ordenada su habitación y limpio su escritorio, tener la ropa colgada en su sitio y los juguetes apilados o guardados…son prácticas que conviene asentar para que no las olvide y queden asentadas.

Y, por último, constancia y paciencia, que son la fórmula mágica para muchas cosas. También para tratar con los niños. Sin olvidar la disciplina y una buena dosis de cariño. Desde el blog de Xiquets.net desearos un ¡Feliz 2019!