La paga de tus hijos. ¿Un buen instrumento?

En muchas familias, sino en todas, la gestión de los recursos por parte de los hijos es un tema esencial y, a menudo, complicado. Nos referimos, en concreto, a los recursos económicos. Vamos, lo que solemos denominar la paga semanal que les asignamos para que afronten sus gastos personales o se paguen sus caprichos. Cuánto dinero les damos, con qué frecuencia y qué les pedimos a cambio, si es que así lo hacemos.

Sin duda, la paga puede ser un instrumento educativo muy potente con el que pueden aprender a gestionar sus recursos, siempre y cuando esté condicionada. Puede ayudar a educar a los niños en el uso correcto del dinero, contribuyendo además a educar en el autocontrol, en la autorregulación de las emociones, en la responsabilidad de no buscar el placer inmediato, señalan los expertos.

Sin embargo, si no se utiliza de modo correcto puede ser contraproducente.  ¿Cuándo puede suceder esto? En los casos en que la cantidad sea excesiva, en caso de que se otorgue sin ningún esfuerzo, trabajo o sacrificio previo así como si no está en consonancia con la edad del niño, niña u adolescente. Y es que mediante la paga, se les puede enseñar a los niños que las cosas tienen un valor y que se consiguen con esfuerzo. Para esto último son  los padres quienes deben elegir y explicar a sus hijos qué es lo que tiene que cubrir, si las golosinas y ‘chuches’ del fin de semana, algún capricho en forma de juguete o simplemente la salida de fin de semana con los amigos.

No todas las etapas son iguales

Es fundamental puntualizar que, a cada etapa de la niñez, le corresponde una cantidad de dinero diferente. Según afirman muchos psicólogos, es aconsejable para empezar a dar la paga es entre los seis y siete años, cuando su capacidad cognitiva es mayor y son capaces de contar mejor. Entre los 12 y 13 años es cuando suelen ser más autónomos y se les puede empezar a poner una paga cada 15 días para que aprendan a planificar su dinero.

Es a partir de los 18 años pueden empezar a recibir una paga mensual de forma que sean capaces de organizar sus gastos y ahorros, y desarrollar buenos hábitos financieros. Se presupone que a esa edad el adolescente ya tiene autonomía (en algunos casos, ya ha trabajado y sabe lo que cuesta ganar esa paga) y debe tener un mínimo de responsabilidad y conciencia para decidir cómo, en qué y en qué cantidad gastar ese dinero.

En suma, como ocurre con muchas cuestiones, todo depende mayormente de cómo se utilice y con qué objetivos.

Disfruta de la playa…pero con precaución

Disfrutar de la playa en verano es uno de los mayores placeres. Y, en el caso de la Marina, con todos los kilómetros de costa que tenemos, un privilegio. No obstante, si lo hacemos en familia y con niños será necesario tomar una serie de precauciones, más si los niños son pequeños, ya que los rayos solares y el agua del mar pueden ser perjudiciales en exceso. Tomad nota:

-No exposición directa al sol

Respecto al primer punto, no cabe duda de que el sol tomado adecuadamente fortalece las defensas, es beneficioso para los huesos, mejora el aspecto de la piel y sube el ánimo, entre otros efectos positivos. Pero también provoca quemaduras. Expertos dermatólogos destacan que el sistema natural de protección en los niños no está desarrollado, por lo que recomiendan no exponer a los niños al sol directamente durante el primer año de vida, existiendo además un destacable peligro de quemaduras y de aparición de lunares que pueden derivar en males mayores.

Por tanto, conviene que el niño menor de un año permanezca en zona sin exposición directa al sol y con la piel cubierta; según vaya creciendo, podrá disfrutar de los beneficios de esa exposición directa en breves intervalos de tiempo y divertirse en el agua y en la arena con gorrita y los convenientes protectores solares.

-¿Y qué hay del mar?

Para muchos pequeños, la llegada del verano y el encuentro con el mar es una aventura. Esta primera experiencia puede resultar traumática o, por el contrario, ser apasionante. De hecho, algunos niños no tienen ningún miedo al agua y son capaces desde el primer día de lanzarse en busca de las olas y disfrutar de las posibilidades que ofrece la playa; otros, sin embargo, reaccionan con un poquito de miedo ante esa cantidad tan grande de agua, que se acerca muy deprisa y que pica en los ojos…

De la misma manera que sucedía con el sol, es conveniente que vuestro ‘peque’ se vaya acostumbrando poco a poco a permanecer un ratito en el agua, siempre con vigilancia, a sentarse en la orilla y jugar con la arena, a pasear despacito y chapotear un poco, a la vez que podrá entrar con papá o mamá donde cubre un poquito y así empezar a mover brazos y piernas en función de si capacidad motriz, para convertirse en un gran nadador.

El acercamiento a este nuevo entorno debe realizarse de forma gradual, muy poco a poco para evitar rechazos y con mucha prudencia a la hora de elegir la hora del baño, mejor a primera hora de la mañana o al final de la tarde, y procurando siempre que el niño esté bien hidratado, se exponga al sol durante espacios cortos y con la piel protegida.

-Jugar con la arena

Cuando aún es un bebé, hay que tener mucho cuidado para que no se meta arena en los ojos o en la boca y estar atentos a que sus orejitas no se llenen de arena o barrillo. Sin embargo, la arena puede considerarse como un lugar ideal para jugar con el cubo, la pala y el rastrillo, hacer castillos de arena, agujeros por donde pasa el agua, fortalezas ante las olas y ver cómo el agua tapa las huellas de sus pies. Con todas estas actividades el niño disfrutará y podrá desarrollar su imaginación. Además, la arena le ayudará a fortalecer sus piernas al andar por la orilla, desarrollar su motricidad, su equilibrio y estimular la circulación.

Enseñar buenos modales a tus hijos…en la mesa

Más allá de la educación que reciben en el colegio, hay una serie de pautas y normas de comportamiento que los niños deben aprender en casa, en su entorno familiar. Una de las claves es que las adquieran cuanto antes mejor para que los interioricen y adquieran con naturalidad.

Muchas de estas cuestiones hacen referencia al momento en el que están en la mesa comiendo, ya sea por la mañana, a mediodía o por la noche. La educación en este espacio es esencial, más cuando se está acompañado y, todavía más, si los que nos rodean son extraños o gente con la que no tenemos demasiada confianza. Y no sólo nos referimos a que los niños se comporten de manera adecuadas, sino que aprendan a respetar los alimentos y su importancia.

Cuando hablamos de normas educativas básicas nos referimos a cuestiones relativamente sencillas pero muy importantes pero que, incluso muchos adultos, ignoran o no llevan a la práctica. Es el caso de sentarse con la espalda recta, no colocar los codos sobre la mesa, colocarse la servilleta de manera adecuada, colocarse correctamente aprovechando los espacios y sillas libres, arrimarse a la mesa con cuidado, sin arrastrar con fuerza la silla, ayudar a poner la mesa y también ofrecerse para recogerla al final o, simplemente, no comenzar hasta que todas las personas que están con nosotros tengan su plato servido.

Además de marcar los tiempos y considerar los gestos, hay medidas elementales de higiene y respeto como no masticar con la boca cerrada y no hablar con la boca llena, no jugar con los cubiertos y tampoco empujar los alimentos directamente con los dedos, sino hacerlo con un trozo de pan.

Una vez  interiorizadas las pautas anteriores, ya podemos entrar a trabajar los buenos modales en la mesa en referencia a cuestiones menores, pero también importantes. Es el caso de evitar levantarse durante la comida sin permiso, limpiar la boca cada vez que vayamos a beber y al terminar de comer, ingerir primero lo que ya está servido en el plato y no pedir más hasta que se termine.

Y, por último, y después de comer, será importante inculcarles que no recojan la bandeja hasta terminar el último bocado, que esperen a los compañeros fuera del comedor o que coloque bien el asiento y dejen el sitio limpio. Sin olvidar, siempre que se pueda, lavarse bien la cara y cepillarse los dientes.

No obstante, los buenos modales en la mesa pueden variar de una familia a otra, de una cultura a otra, del nivel de confianza que tengamos con nuestros comensales y del tipo de celebración al que asistamos.

Y en verano… Rutas teatralizadas

¿Qué hacer con los niños este verano? Buena, recurrente y complicada pregunta que se plantea siempre en cada hogar cuando llegan las vacaciones estivales. Más de dos meses en los que, sin colegio, los niños multiplican exponencialmente su tiempo libre, en contraposición con la situación de muchos padres.

Ante esta situación, además de tirar de abuelos y amigos de forma más o menos ocasional, aparecen posibilidades relacionadas con la propia estación veraniega. Son los llamados campus de verano, que en ocasiones se quedan únicamente en talleres, actividades o pasatiempos para los meses de julio y agosto.

En el caso de la Marina, la situación no cambia, aunque la existencia de la playa brinda otras opciones tanto a las familias como a las asociaciones, colectivos,  clubes y empresas que se encargan de organizarlos. Si nos centramos en Dénia, por citar un ejemplo, se ofertan a nivel municipal distintos campus temáticos. Uno de ellos es el campus de baile urbano,  así como diferentes actividades relacionadas con el tiempo libre, la música (Dénia Pop) y  hasta un taller de fotografía.

No menos recurrentes son los capos de baloncesto, fútbol o fútbol sala, tenis o golf, sin olvidar los deportes náuticos, una especialidad de nuestra zona con todas las actividades que se ofertan desde el Real Club Náutico de Dénia o el puerto deportivo Marina de Dénia.

Otra opción interesante y original son las visitas teatralizadas. Dos posibilidades tenemos, si la idea es hacerlas con niños. Por un lado, la visita llamada Un mar de cine y de piratas. Se trata de un clásico relacionado con el pasado de la ciudad, relacionado con el mar, los frecuentes ataques de piratas a la costa y las múltiples películas de temática semejante que se han ido filmando con Denia como telón de fondo durante la segunda mitad del siglo XX.

Se trata, más en concreto, de una visita teatralizada y participativa en la que dos piratas berberiscos secuestrarán al grupo en cuestión. Pero  un giro inesperado les llevará a descubrir diferentes escenarios de películas que se rodaron en Dénia, en un apasionante itinerario que les llevará por el puerto y el barrio marinero de Baix la Mar, donde os podréis imaginar los decorados y escenarios que dibujaron de navegantes y piratas.

Dicha ruta se ofrece en castellano y resultará divertida para los ‘peques’, puesto que se ha concebido como una especie de gymkana familiar con pruebas y juegos.

Si hablamos de teatro, la segunda opción a la vista es la visita teatralizada  Érase una vez Dénia. En este caso también invita a hacer un recorrido por la historia, aunque en formato de cuentacuentos. Está diseñada para los más pequeños, que además de entretenerse podrán familiarizarse con detalles de la dilatada historia de la ciudad, de la que al mismo tiempo podrán empaparse sus padres.

Ambas rutas se ofertan en castellano y tienen una duración de 1 hora y 30 minutos, requiriéndose reserva previa en el teléfono 96 642 23 67 (Oficina de Turismo).

Llega el verano: Precauciones para tu hijo

Por fin llega el verano, el calor y las vacaciones para los niños. Sin embargo, además de tiempo libre, diversión y descanso,  también es una época de las altas temperaturas y una elevada exposición al sol, por no hablar de los cambios de horarios, de hábitos alimenticios y de sueño o del uso de piscinas. Para afrontar todas estas circunstancias y rutinas conviene que toméis algunas precauciones o, cuanto menos, que tengáis conocimiento de posibles incidencias y estéis preparados para las mismas:

Precauciones ante la exposición solar

Durante los meses de junio, julio, agosto y también septiembre (aunque este último, en menor medida) conviene  evitar las horas de mayor exposición al sol, es decir, entre las 12 y las 17 horas. Recordad que esta franja horaria los rayos solares pueden afectar de forma especial a la piel, y más cuando se trata de niños. Prohibir a los niños que no jueguen en la playa, en el jardín o en la piscina resulta en ocasiones complicado. Por ello, los especialistas recomiendan una serie de pautas.

Las más significativas son la aplicación de  cremas protectoras media hora antes de la exposición al sol, el uso de  gafas de sol de calidad que eviten el impacto solar en la vista u obligarles a que lleven gorras o sombreros para que se protejan de la radiación solar.  También se aconseja beber agua con frecuencia así como, en nuestro caso propio, refrescar el coche (encender el aire acondicionado o abrir las ventanas y puertas para que se ventile) antes de que se suban al mismo.

Golpes de calor

Mucha precaución con los posibles golpes de calor. Tened presente que los niños y los bebés se ven más afectados por las subidas de las temperaturas, por lo que hay que prestar una mayor atención a su correcta hidratación. Hay que tener en cuenta que la proporción de agua del organismo infantil es mayor que la del adulto, por lo que es muy importante reponer los líquidos perdidos en la sudoración. Y en verano, todos (y ellos, todavía más) sudamos mucho. Por todo ello, y subrayan los pediatras,  es mejor ofrecerle agua aunque no la pida o no se sienta sediento.

Trastornos de sueño

Debido a la mayor duración del día y, especialmente, a la no obligación de madrugar al estar de vacaciones escolares, en verano puede ser muy tentador dejar que los niños permanezcan despiertos hasta tarde y duerman. Os aconsejamos que, aunque sea difícil, intentéis mantener el horario diario del año escolar, tanto en las comidas como a la hora de acostarse, pues de cara a septiembre (el tiempo pasa volando) será mucho más fácil la adaptación al horario escolar.

 

Cuidando la alimentación de tu hijo, parte 2

Seguimos hablando sobre alimentación infantil en el blog de Xiquets.net. Retomando el hilo del último post, hemos de referirnos ahora a algunos tipos de comida sobre los que también hay establecidas muchas generalidades y mitos, algunos de los cuales pueden ser falsos o, cuanto menos, inexactos.

Ejemplo de ello son las papillas. Son necesarias, nutritivas y útiles, perol en algún momento se han de ir abandonando progresivamente para introducir nuevos alimentos. Pero, ¿Qué ocurre si el niño, acostumbrado como está a las papillas, rechaza aquellos y escupe la comida? ¿Qué puedo hacer?

En primer lugar, hay que entender que en este periodo algunos niños desarrollan rechazo a los nuevos alimentos (lo que se denomina neofobia) y que será necesario exponerle varias veces a lo nuevo para que finalmente lo termine aceptando. Es imprescindible, por tanto, tener paciencia, insistir en ello, sin castigar ni dramatizar la situación, y reforzar al niño de forma positiva cuando lo consigan.

¿Y qué hay de las frutas y verduras?

Otro quebradero de cabeza son las posibles carencias en el menú alimenticio. Concretamente es habitual que se produzca cierto rechazo o menosprecio a tomar fruta y verdura. Si estamos en este caso, conviene que insistamos en su consumo, ya que son alimentos importantes. Sin embargo hay que dejaro que insistir no es forzar, ya que eso podría crear mayor rechazo. Los expertos aconsejan darlos poco a poco, comenzando con rodajas o pequeños trozos de verdura cocinada y/o mezclada con alimentos que le gusten. Para la fruta también es aconsejable darla pelada y cortada en cuadraditos y/o mezclada con yogur o zumo. Otra opción es ofrecer la fruta mientras se va preparando la comida: así el niño la aceptará mejor porque tiene apetito.

No menos habituales son los problemas de sobrepeso. Ante ello es costumbre general quitarles el pan y la pasta de la dieta. ¿Es correcta esta práctica habitual? Al respecto nutricionistas y pediatras recuerdan que los derivados de la harina, caso del pan, cereales, la pasta… son la base de la pirámide alimentaria y han de consumirse a diario. Son ricos en hidratos de carbono y este macronutriente ha de suponer aproximadamente el 55-60 por ciento de la dieta. Lo que sí sería conveniente es que fueran integrales, porque aportan más cantidad de fibra que sacia más rápido, y no acompañarlos de alimentos altamente calóricos como mantequilla o embutidos.

Cuidando la alimentación de tu hijo

La alimentación de los niños es una de las principales preocupaciones de los padres. De ella no sólo depende, en gran medida, su desarrollo físico y psicológico, sino también la adquisición de buenos hábitos saludables y la prevención de posibles enfermedades como la obesidad infantil. De hecho, esta última se ha convertido en uno de los problemas que exigen atención plena pues estudios recientes indican que España ya es el tercer país europeo con mayor prevalencia de obesidad infantil. De hecho, el 18,1 por ciento de los niños tienen obesidad y el 23,2 por ciento sobre peso.

Hay muchos factores que pueden contribuir a ello aunque es fundamental que en el seno de las familias se promuevan  promover comportamientos saludables en los niños desde la edad preescolar, de forma que los asuman e interioricen como propios y naturales. A edades tempranas muchos niños se niegan a ingerir determinados alimentos rebelándose contra los mismos. Muchos padres, en primer término, reaccionan eliminando de la dieta esos alimentos, lo que acaba restringiendo la alimentación de sus hijos y propia la falta de nutrientes.

A ello se unen una gran cantidad de prejuicios por parte de los padres (algunos con cierto fundamento pero muchos de ellos propiciados por comentarios generales o de terceras personas sin conocimiento técnico de la posible problemática). Un ejemplo de ello es el consumo de huevos, que por costumbre se restringe a dos o tres días por semana.

En este caso concreto los expertos así lo recomendaban anteriormente, aunque los últimos estudios señalan que el huevo no influye tanto como se pensaba en el aumento de los niveles de colesterol sanguíneos, además deque aporta proteínas de alto valor nutricional, vitaminas y minerales. Por lo tanto, si nos encontramos ante un niño sano que toma una dieta variada y saludable no tenemos por qué ser tan estrictos con el número de huevos que debe consumir.

Otra cuestión habitual es la obligatoriedad (o no) de triturar todos los alimentos a los niños pequeños. Se trata de una práctica bastante habitual cuando son bebés, evidentemente, pero que muchas veces se extiende por simple rutina o temor a que no coman. Es bastante habitual que un niño tenga problemas cuando se introducen los alimentos sólidos, y muchas veces esta situación se perpetúa porque nos empeñamos -tanto los pediatras como los familiares- en hacerlo así, porque aseguramos que de esta forma se comerá todos los nutrientes que necesita. Sin embargo, en algún momento tendremos empezar a dar texturas sólidas de forma progresiva para que vaya adquiriendo ese aprendizaje. Al principio será difícil pero poco a poco, con paciencia y dedicación, se conseguirá que el niño tome los alimentos sólidos acordes a su edad.

Los dispositivos tecnológicos y los problemas de espalda de tu hijo

La irrupción de los muchos dispositivos tecnológicos de los que disponemos hoy día, unido a la gran cantidad de horas que todos, en general; y los niños y jóvenes, en particular, pasan utilizándolos acarrean una serie de consecuencias. También para la salud.

De hecho, investigaciones médicas concluyen que ya hay niños pequeños de tan sólo siete años que años están desarrollando jorobas y columnas vertebrales curvadas. El motivo principal es la cantidad de horas que pasan inclinados sobre sus teléfonos inteligentes y las tabletas. Los primeros síntomas, apuntan los médicos, son los dolores de cabeza, aunque pruebas médicas revelan que esa dolencia en muchas ocasiones se debe a una curvatura del cuello por pasar tantas horas encorvados sobre sus dispositivos electrónicos.

Estos problemas pueden acabar siendo degenerativos, causando a menudo dolor de cabeza, cuello, hombros y espalda, además de conducir a estados de ansiedad y depresión. La explicación técnica concluye que consultar durante largas horas la pequeña pantalla del móvil y tablet así como, y sobre todo, escribir mensajes de texto con el cuello hacia abajo por períodos de tiempo prolongados puede causar un estiramiento severo del tejido espinal que, a su vez, podría derivar en la compresión crónica de un nervio, hernias de disco, y otros problemas en la columna. Además, al inclinarse para poder leer letras pequeñas, se pueden producir daños en la vista. Algunos de los síntomas de esta condición incluyen rigidez y dolor en hombros y cuello, y dolores de cabeza crónicos.

Menos horas…y mejor postura

Los expertos sugieren que mantener una buena postura es la mejor medida que se puede tomar para prevenir lesiones en la columna vertebral. Para ello se deben alinear las orejas con los hombros mientras los omóplatos están retraídos. Según indican, esta postura ayuda a reducir la presión sobre la región espinal. Otras formas de prevenir el llamado “cuello de texto”

Asegurarse de que el cuello y la espalda estén bien sostenidos con almohadas si escriben mensajes desde la cama; aumentar el tamaño de la letra para evitar un exceso de inclinación; sostener el teléfono o tablet a la misma altura de los ojos, en un ángulo de 30 grados para proteger cuello y muñecas o tomarse un descanso cada  15 para mirar hacia arriba y llevar el cuello a una posición neutral.

Los móviles y los niños/adolescentes: ¿Adicción tecnológica?

Que los móviles están a la orden del día, forman parte de nuestras vidas y crean dependencia lo tenemos todos claro. Pero también en cuanto a los niños y, especialmente, adolescentes.  El poder de atracción que estos dispositivos tecnológicos crean en nuestra sociedad y en las nuevas generaciones es incuestionable. Los llamados ‘Millenials’ o ‘nativos digitales’ son quienes mejor conocen y dominan los teléfonos móviles pero también los que más dependen de ellos ya que no conocen otra realidad que no pasen por sus teclados y pequeñas (o cada vez más grandes) pantallas.

En este panorama hay que valorar por parte de autoridades, instituciones y padres/madres hasta qué punto los móviles ejercen una adicción sobre niños y adolescentes o son responsables de trastornos compulsivos y de personalidad. En este sentido los colegios tienen que ser conscientes de las adicciones a las sustancias, al juego o a la tecnología de los jóvenes y no mirar para otro lado, según los educadores, que advierten, sin embargo, de que no se debe expulsar a los alumnos cuando se produzcan estas situaciones para no estigmatizarlos.

Adicciones tecnológicas

En los últimos años las adicciones relacionadas con las últimas tecnologías han variado. Y ante esta situación, los colegios tienen que ser conscientes de que estas cuestiones se producen y se deben afrontar sin optar por atajos ni medidas populistas o cortoplacistas. Los expertos consideran que la sanción (un castigo, una expulsión…) puede ser positiva siempre y cuando no se les marque de forma explícita y sirva para enseñar a los jóvenes a hacer un buen uso de las tecnologías.

Los expertos también consideran que el acceso de los jóvenes a internet genera posibles ludópatas con importantes repercusiones sociales, económicas, familiares y personales. De hecho, recuerdan que el cerebro no termina de madurar hasta alrededor de los 25 años. En cuanto al género, las  adicciones son una conducta mayoritariamente masculina (85 % de hombres, frente al 15 % de mujeres) originada por la búsqueda de sensaciones y la falta de control de impulsos.

No relativizar con el consumo ni con el tipo de sustancias así como regular adecuadamente prácticas adictivas como pueden ser el juego o el alcohol, esencialmente en el caso de jóvenes y adolescentes, es fundamental, considerando  que el consumo suele iniciarse a edades muy tempranas (entre los 12 y los 14 años), lo que es ciertamente preocupante.

‘Ciberacoso o cyberbullying’: un problema cada vez más frecuente

En la actualidad, en un mundo en el que las redes sociales adquieren cada vez más relevancia para los más jóvenes, como padres debemos prestar una rigurosa atención al uso que nuestros hijos hacen de ellas. Y es que detectar el ciberacoso en la etapa infantil y en la adolescencia se ha vuelto una responsabilidad cada vez más necesaria. Ahora bien

El ciberacoso consiste en el uso de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) para llevar a cabo las agresiones y el acoso entre iguales. Y si hablamos de ciberacoso infantil, nos referimos a un problema frecuente, mucho más de lo que los padres piensan. De hecho, las estadísticas indican que en España el 5,4% de los niños de entre 11 y 14 años han sido víctimas de acoso a través del móvil y que el 9% de los niños de esa misma edad han recibido imágenes de contenido sexual.

No obstante, lo más preocupante es que el 72% de los pequeños que son víctimas del ciberacoso prefieren guardar silencio y cuando deciden hablar, lo hacen con sus hermanos o amigos, en vez de conversar con sus padres.

Cuidado con las identidades anónimas o falsas

Desgraciadamente, el fenómeno del ciberacoso infantil adopta nuevas formas, cada vez más sutiles, de manipulación, extorsión y abuso, las cuales tienen enormes repercusiones para el desarrollo psicológico de los niños. De hecho, se conoce que la mayoría de los ciberacosadores tienen una identidad anónima o falsa, una posibilidad que ofrece internet y que les permite acercarse a los niños como si fueran sus amigos, con la intención de socavar su autoestima y humillarlos o con fines sexuales. De esta manera, resulta muy difícil identificar un caso de ciberacoso en sus primeras etapas, sobre todo si el niño no lo confiesa. Por eso, los padres deben estar al tanto de cualquier cambio en el comportamiento de su hijo.

A diferencia del bullying, en el ciberbullying el acosador no necesita dar la cara por lo que no debe ser más fuerte o más hábil que su víctima, y ni siquiera debe conocerla personalmente. A esta persona le motiva provocar sufrimiento, humillar, avergonzar, ridiculizar o difundir rumores sobre su víctima. Obviamente, el efecto psicológico para el niño es devastador porque no solo sufre daños en su autoestima sino que también puede padecer depresión, aislamiento social e incluso pueden aparecer ideas suicidas.