Cómo explicar el coronavirus a nuestros hijos e hijas

Estos días las conversaciones, como no puede ser casi de otra forma, en giran en torno a la salud y el coronavirus. Ante tal avalancha de información y la importancia del tema, es importante que podamos hacer entender a los niños de qué hablamos, al objeto de puedan entender grosso modo lo que está pasando y, ni le resten importancia, ni tampoco se dejen llevar por el clima y los comentarios que puedan oir en el colegio, con sus amigos o en otros ámbitos respecto a esta enfermedad.

No hablamos de nada sencillo, pero sí os podemos ofrecer algunas pautas no sólo dirigidas a padres,  sino también profesionales y familiares distintos de  niños y niñas, orientadas a promover un afrontamiento adecuado frente al brote de Coronavirus Covid-19. Todo ello tomando como fuente la información ofrecida por el  Colegio Oficial de la Psicología de Madrid (la comunidad más afectada de toda España).

Para aclarar posibles dudas o temores relacionados con el virus y corregir posible información errónea que han escuchado, debemos:

-No esperar a que pregunten para hablarlo con ellos/as.

-Corregir información errónea o mal interpretada.

-Informar que la mayoría de los casos se recuperan (80 por ciento), pero que los mayores (entre los que pueden estar sus abuelos) son los que más deben cuidarse de este virus

-Ser sinceros en cuanto a que se trata de un virus peligroso porque se contagia con facilidad, y por lo tanto debemos protegernos de él.

-Informar sobre los síntomas más frecuentes: fiebre, tos y sensación de falta de aire.

-Informar que la mayoría de los casos se recuperan (80 por ciento), pero los mayores son los que más deben cuidarse de este virus.

-Dar seguridad y confianza informándoles de que hay muchos profesionales sanitarios para curar, entender el virus, reducir sus riesgos y encontrar una vacuna.

Asimismo es esencial no ignorar sus miedos o dudas, utiizar siempre  un lenguaje adaptado a la edad del menor y a sus conocimientos, evitar hacer referencia a las personas que están muy enfermas o han fallecido y hablar con frecuencia sobre el tema, pero sin saturarles con demasiada información.

Naturalizar, en caso de que no tengamos  todas las respuestas, ser sinceros y plantearles la posibilidad, incluso, de buscar respuestas juntos. Nos puede ayudar mucho la utilización de  dibujos o representaciones gráficas sencillas para explicar cómo se produce el contagio.

Normalizar sin cansar pero evitando que sea un tema tabú. Y, por último, transmitir que pueden expresar sus dudas y confiar en nosotros en todo momento.

La importancia de que los niños se laven las manos

En estas últimas semanas, con toda la alarma social desatada por el Coronavirus, se está subrayando la importancia de seguir algunas medidas higiénicas básicas para evitar posibles contagios.  Como se suele decir, no hay mal que por bien no venga, ya que se trata de hábitos básicos, convenientes y que muchas veces descuidamos, acordándonos únicamente de ellos en situaciones extraordinarias como la actual.

Una de ellas es la limpieza de manos. Si hablamos de niños, esta medida higiénica todavía cobra más importancia puesto que los pequeños tocan muchas más cosas y están más expuestos a gérmenes y enfermedades que se pueden adquririr por contacto directo. Por tanto, es fundamental la higiene de manos. Para ello hay que enseñarles y acostumbrarles a hacerlo. Y de la forma más correcta posible. Si adquieren el hábito y lo hacen de forma adecuada, tendrán mucha salud ganada de cara al futuro.

Y es que lavarse la manos adecuadamente es la primera línea de defensa contra la propagación de muchas enfermedades, desde un resfriado o catarro común hasta enfermedades más graves, como la meningitis, la bronquiolitis, la gripe, la hepatitis A, y muchos tipos de diarrea.

Algo tan sencillo como lavarse las manos requiere seguir unos pasos que, por básicos, dejan de ser necesarios. En primer lugar hay que mojarse las manos con agua corriente limpia (tibia o fría).  En caso de los niños, convendrá asegurarse de que el agua no está demasiado caliente para las manos de los más pequeños.

Posteriormente usaremos jabón (uno adecuado, ya sea de pastilla o de gel) para frotarnos las manos enérgicamente durante aproximadamente 20 segundos. Como hemos dicho, no hace falta utilizar un jabón antibacteriano; sirve cualquier tipo de jabón. En este punto deberemos asegurarnos de lavar bien el área que figura entre los dedos, los dorsos de las manos y debajo de las uñas, donde a los gérmenes les encanta esconderse. Y no hay que olvidar las muñecas.

Por último tocará enjuagarse bien las manos y, no menos importante: secarse con una toalla limpia y seca.

¿Cuándo nos debemos lavar las manos?

Para evitar la propagación de gérmenes conviene que toda la familia, y no sólo los niños, se lave las manos con regularidad. Es importante hacerlo antes de comer y de cocinar, después de ir al baño, después de limpiar la casa, después de tocar animales (incluyendo las mascotas de la casa), tras visitar o cuidar de amigos o familiares enfermos y cuando volvamos a casa, tras habe hecho cualquier cosa, desde jugar hasta sacar al perro o hacer cualquier tipo de actividad en el jardín. Y, esencial: lavarse siempre las manos después de sonarse la nariz, toser o estornudar.

Si nos lavamos más y mejor las manos, ganaremos salud y evitaremos muchas visitas al médico. Es un consejo de Xiquets.net, la revista de las familias de La Marina.

Abuelos y nietos: actividades para hacer con los niños

En otros posts del blog de Xiquets.net, la guía de las familias de La Marina, ya hemos subrayado la importancia que los abuelos tienen para las familias. Como padres, bien lo sabéis, ya que la imposibilidad en muchas ocasiones de conciciliar la vida laboral y familiar (debido a los horarios y el trabajo tanto de la madre como del padre) requieren imperiosamente de la presencia de vuestros propios padres (es decir, los abuelos o yayos) para que cuiden a vuestros hijos (es decir, sus nietos).

En este artículo os vamos a dar algunas sugerencas sobre actividades que pueden compartir abuelos y niños. Evidentemente dependerá de la edad que tangan ambos, la saludo de los abuelos y la disposición de tiempo. Una buena idea puede ser llevarlos a dar un paseo por el parque o alguna senda de fácil recorrido por la montaña. La idea, al fin y al cabo, es disfrutar juntos de la naturaleza y el entorno.

En esos paseos abuelos y nietos podrán intercambiar impresiones sobre multitud de temas o simplemente comentar lo que van viendo durante el recorrido.  Si en las proximidades hay algún tipo de granja o zoológico también puede ser buena opción visitarlos para que ambos puedan compartir la fascinación que los niños suelen sentir por los animales.

Cambiando de tercio: ¿Y si les proponemos que se acercen a la biblioteca? Puede ser un buen comienzo para que los pequeños se habitúen a estar rodeados de libros pero hacerlo fuera del colegio, en un entorno distinto al sólo objeto de disfrutar. Podrán echar un vistazo a las diferentes secciones, coger un libro para leerlo juntos o buscar qué ejemplar le gusta más a cada uno para cogerlo a modo de préstamo.

Otra alternativa es que los niños ayuden a los abuelos en pequeñas tareas domésticas o manuales. Por ejemplo, re-pintar la puerta del garaje, ordenar los comestibles en la dispensa o preparar algún plato muy sencillo de cocina. Podéis animar a los abuelos a compartir una afición que les apasione a vuestros hijos o, simplemente, disfrutar de un juego de mesa. De hecho, esta práctica de la que tanto hemos disfrutado los mayores se está perdiendo en la actualidad con la irrupción de los videjuegos las consolas.

¿Qué tipo de videjuegos son los recomendables para mi hijo?

En un anterior número del blog de Xiquets.net, la guía de las revistas de La Marina, analizábamos la conveniencia o no de los videojuegos para niños y adolescentes. Superado este paso, y dando por sentado que es una tendencia actual a la que hay que adaptarse, surgen otras cuestiones, como por ejemplo qué videojuego comprar.

Uno de los criterios a seguir puede ser la clasificación según el contenido. Al igual que las películas, los videojuegos tienen marcada cuál es la edad mínima para poder jugarlo. En España se sigue la normativa europea PEGI (Pan European Game Information), que establece la edad mínima aconsejable para cada juego.

Contenidos y edades

Antes de los 3 años los niños no muestran interés por los videojuegos, ya que no disponen de las habilidades cognitivas suficientes. Su interacción con ordenadores, tablets y móviles son para ver contenido de video, como dibujos animados, películas infantiles o incluso algo tan insólito como contemplar a una niña abrir cincuenta huevos sorpresa seguidos.

Los expertos suelen recomendar juegos donde el objetivo sea construir cosas sencillas, identificar animales o desarrollar habilidades de lecto-escritura, ya que a esa edad empiezan con ese aprendizaje en la escuela. Suelen ser, además, juegos que no necesitan continuidad, ya que los niños a esas edades suelen cansarse y aburrirse rápido por su capacidad limitada de mantener la atención o elaborar razonamientos complejos sobre estrategias del juego. Y algo muy importante: es recomendable que los padres jueguen con los niños.

Dado que a partir de los 7 años los niños son más autónomos y con más habilidades cognitivas, los juegos tienen una mayor más dificultad, lo cual exige el desarrollo de estrategias de mayor nivel. Por lo tanto, los niños ya pueden “engancharse” con más facilidad, así que debemos estar atentos a los límites de tiempo.

Es a partir de los 12 años el niño ya es capaz de sostener la atención y concentrarse mucho tiempo, así que puede adentrarse en juegos de alto nivel, tanto de habilidad como estrategia. De hecho, resulta bastante sorprendente el nivel de destreza que pueden desarrollar en su interacción con la máquina. Y también bastante desalentador para nosotros cuando jugamos con ellos.

A partir de 14 o 15 años aparece inevitablemente la preferencia hacia juegos tipo MMO en línea (Juegos multijugador en línea cooperativos), donde se juntan jugadores de todo el mundo con avatares virtuales en misiones que pueden llegar a tener una complejidad muy elevada.

El problema principal a partir de los 14 años es que los videojuegos pueden restar tiempo a otras actividades, como el estudio, el deporte o la interacción familiar. En los adolescentes es mucho más difícil imponer una disciplina, así que lo recomendable es, por ejemplo, ofrecer alternativas de diversión al aire libre, tanto con amigos como dentro de la familia. Es decir, el niño es quien debe encontrar en las actividades alternativas un placer mayor que el de estar frente a una pantalla. Esa labor es familiar, escolar y, en general, del entorno que rodea al niño. Y no es fácil. Exige tiempo y esfuerzo.

La mayoría de videojuegos son online y pueden conectarse a través de internet con otros jugadores. Se puede interactuar con ellos de múltiples maneras. Muchas son beneficiosas, pues sirven para jugar en cooperación y así aprender o desarrollar estrategias. Otras, en cambio, son perjudiciales, como retroalimentarse con otros jugadores para jugar más tiempo, aprender un lenguaje inapropiado o incluso crear una relación que va más allá del juego con alguien que no se sabe quién es. Por lo tanto, debemos vigilar con quién juega nuestro hijo y cómo lo hace.

¿Videojuegos sí o videojuegos no?

¿Los videojuegos son recomendables o, por el contrario, son tan malos como los pintan para nuestros hijos? Aquí tenemos una de las preguntas del millón para muchos padres. La respuesta, obviamente, ni es sencillo ni se puede plantear en términos absolutos.

Lo que sí tenemos claro todos es que los videojuegos en dispositivos móviles, consolas y ordenadores son una realidad. Nos guste más o menos. Y que, nos gusten más o menos, hemos de convivir con ellos, como en su momento nuestros propios padres lo hicieron con el cine, los ordenadores o la televisión. Coincidiremos todos, probablemente, en que todos estos dispositivos no son perjudiciales por sí mismos, sino que dependen mayormente del uso que hagamos de ellos.

Los expertos y nuestra propia experiencia nos lleva a la conclusión de que prohibir o evitar que los niños jueguen con dispositivos electrónicos tiene poco sentido, como tampoco lo tiene evitar que, a una determinada edad, nuestros hijos tengan un teléfono móvil. Al contrario, si el niño no participa de ese entretenimiento, puede ser considerado raro por los demás y, en algunos casos, llegar a ser rechazado. Por tanto, nuestros esfuerzos, como padres y educadores, deben dirigirse a aconsejar e influir a qué, cuánto, cuándo y cómo juegan.

Conviene puntualizar que los videojuegos son un tipo más de juegos y que nunca deben ser el único modo de juego del niño, ni siquiera al que dediquen más tiempo. Es más: siempre debemos dar preferencia al juego al aire libre. Si los niños realizan este tipo de juegos con normalidad, no debería preocuparnos que jueguen con videojuegos en otros momentos.

No es menos cierto, de la misma forma, que el videojuego no es un juego de azar, donde la suerte es el componente fundamental. Aunque a veces la suerte influye -como en cualquier aspecto de la vida-, lo que más cuenta es la habilidad del jugador para desarrollar una estrategia con la que superar los retos que se le presentan. Estas habilidades pueden ser muy complejas, por lo que, en cierta forma, estos dispositivos también influyen en el desarrollo de nuestros hijos. Lo dicho: no todo es negativo.

Más allá de estas consignas, hay que tener en cuenta dos aspectos esenciales:

-La hora de jugar: hay que evitar a toda costa que sea después de cenar y en el periodo previo a irse a dormir, pues se estimula el cerebro y afecta al proceso fisiológico del sueño.

-El tiempo de juego: Entre los 3  y los 12 años lo recomendable es dejar jugar a los niños entre una y dos horas máximo al día, sobre todo durante los fines de semana. Ahora bien, a partir de esa edad el límite dos horas será ciertamente complicado de mantener. Por todo ello, es necesario poner normas en cuanto a que días y horas se puede jugar. Y no romperlas. Lo mejor es establecer un tiempo con anterioridad y asegurarnos de que nuestros hijos lo han entendido.

Dicho de otro modo, debemos ser realistas y, sobre todo, hacer prevalecer el sentido común en la relación entre los niños y los videojuegos.

¿Has oído hablar de la neofobia?

La alimentación de vuestros hijos es, frecuentemente, una de las mayores preocupaciones para padres y madres. También para los niños, puesto que la incorporación de nuevos alimentos puede llegar a ser muy natural para algunos, pero también bastante traumática para otros. De hecho,  hay a quienes les encanta probar sabores nuevos, mientras que otros no se arriesgan a salir de aquellos que conocen.

Estas conductas derivadas de la necesaria adquisición de nuevos hábitos alimenticios dan lugar a nuevos fenómenos. Uno de ellos es el de la neofobia, también conocida como ‘miedo a lo nuevo’. Se trata de un fenómeno cada vez más habitual en la infancia, especialmente en torno a los dos o tres años,  y que puede llegar a ser muy desesperante para los adultos. Sin embargo los síntomas suelen ir desapareciendo alrededor de los cinco años, por lo que es conveniente asesorarse, tener paciencia y, ante todo, no forzar al niño a comer para evitar futuros traumas.

Aunque la neofobia no suele tener complicaciones asociadas y se trata de una etapa pasajera en la vida del niño, es recomendable consultarlo con el pediatra, especialmente si vuestro hijo tiene una dieta demasiado restrictiva, pues podría aumentar el riesgo de carencias nutricionales.

Las investigaciones realizadas hasta el momento indican que la neofobia alimentaria está relacionada con una peor calidad de la dieta, especialmente con una menor ingesta de fibra, proteínas y ácidos grasos monoinsaturados, y una mayor ingesta de grasas saturadas y sal.

¿Cómo prevenir la neofobia?

Hay ciertos factores sobre los que podemos actuar para intentar prevenir la neofobia, aunque sin duda nuestro ejemplo, como adultos, es la mejor medida de prevención. Y es que los niños aprenden por imitación, observando los hábitos alimentarios de la familia e imitando nuestros comportamientos

Los expertos apuntan que los factores hereditarios  solo determinan nuestra predisposición a la neofobia alimentaria, pero no implican que necesariamente deba producirse. En cambio, la educación y el cuidado de la primera infancia, así como la orientación sobre el estilo de vida en la edad adulta pueden brindar apoyo en el desarrollo de una dieta diversa

Algunas de las recomendaciones que podemos seguir para evitar la aparición de neofobia son no ceñirnos siempre al mismo tipo de alimentos para conseguir no sólo una dieta variada y extensa, sino también rica en sabores. Comer con calma y en familia, sin distracciones que interfieran en ese importante momento, ayudará mucho; como el hecho de permitir a los niños que manipulen y se familiaricen con los alimentos y la comida a medida que vayan creciendo, haciéndoles incluso partícipes del momento de la compra y del cocinado.

Y, por supuesto, y tal y como comentábamos al inicio, no hay que forzar jamás al niño, ni obligarle a probar la comida. Los castigos, chantajes y amenazas tampoco tienen cabida, pues son realmente perjudiciales.

Llega el verano: Precauciones para tu hijo

Por fin llega el verano, el calor y las vacaciones para los niños. Sin embargo, además de tiempo libre, diversión y descanso,  también es una época de las altas temperaturas y una elevada exposición al sol, por no hablar de los cambios de horarios, de hábitos alimenticios y de sueño o del uso de piscinas. Para afrontar todas estas circunstancias y rutinas conviene que toméis algunas precauciones o, cuanto menos, que tengáis conocimiento de posibles incidencias y estéis preparados para las mismas:

Precauciones ante la exposición solar

Durante los meses de junio, julio, agosto y también septiembre (aunque este último, en menor medida) conviene  evitar las horas de mayor exposición al sol, es decir, entre las 12 y las 17 horas. Recordad que esta franja horaria los rayos solares pueden afectar de forma especial a la piel, y más cuando se trata de niños. Prohibir a los niños que no jueguen en la playa, en el jardín o en la piscina resulta en ocasiones complicado. Por ello, los especialistas recomiendan una serie de pautas.

Las más significativas son la aplicación de  cremas protectoras media hora antes de la exposición al sol, el uso de  gafas de sol de calidad que eviten el impacto solar en la vista u obligarles a que lleven gorras o sombreros para que se protejan de la radiación solar.  También se aconseja beber agua con frecuencia así como, en nuestro caso propio, refrescar el coche (encender el aire acondicionado o abrir las ventanas y puertas para que se ventile) antes de que se suban al mismo.

Golpes de calor

Mucha precaución con los posibles golpes de calor. Tened presente que los niños y los bebés se ven más afectados por las subidas de las temperaturas, por lo que hay que prestar una mayor atención a su correcta hidratación. Hay que tener en cuenta que la proporción de agua del organismo infantil es mayor que la del adulto, por lo que es muy importante reponer los líquidos perdidos en la sudoración. Y en verano, todos (y ellos, todavía más) sudamos mucho. Por todo ello, y subrayan los pediatras,  es mejor ofrecerle agua aunque no la pida o no se sienta sediento.

Trastornos de sueño

Debido a la mayor duración del día y, especialmente, a la no obligación de madrugar al estar de vacaciones escolares, en verano puede ser muy tentador dejar que los niños permanezcan despiertos hasta tarde y duerman. Os aconsejamos que, aunque sea difícil, intentéis mantener el horario diario del año escolar, tanto en las comidas como a la hora de acostarse, pues de cara a septiembre (el tiempo pasa volando) será mucho más fácil la adaptación al horario escolar.

 

Actividades para jugar…y refrescarse en verano con los niños

Llegan las vacaciones de verano. Suben las temperaturas y tenemos que entretener a nuestros peques. ¿Qué tal si lo hacemos de una forma refrescante? En este post del blog de Xiquets.net, la web y la revista de las familias de La Marina, os vamos a dar una serie de ideas para que planteéis juegos y actividades a vuestros niños de cara a este verano. Con ellos, además de entretenerse, harán ejercicio físico, interactuarán entre ellos y podrán relacionarse con su entorno.

El primero de ellos lo denominamos colchón de agua. Consiste en coger  un plástico resistente y grande para doblarlo por la mitad y así obtener nuestro propio colchón de agua. Para ello necesitaréis cinta aislante resistente al agua y una manguera con la que llenarlo de contenido. Los niños se divertirán saltando, rebotando y jugando con el agua que queda dentro.

¿Echamos una partida al béisbol? Pero os proponemos hacerlo con globos. Se juega igual que el habitual pero, en vez de una pelota, los niños tendrán que batear globos de agua. Habrá salpicaduras para todos. Otra opción para practicar deporte es plantear una carrera…aunque con vasos de agua. No se lo podemos poner tan fácil a los peques. Lo primero que deberemos hacer es trazar un  recorrido que habrá que recorrer con dos vasos de plástico, a los que les haremos dos agujeros para que se mantengan en posición horizontal. Tensarlos en un recorrido hecho con hilo de pescador.  El ganador será el que complete el recorrido empujando los vasos con los chorros de sus pistolas de agua.

Otra opción para remojarnos y reírnos es la llamada pista deslizante, que diseñaremos colocando un plástico ancho y resistente a lo largo del césped del jardín. Mojarlo con la manguera y proporcionar a los niños unos flotadores con los que tendrán que deslizarse a lo largo de todo el plástico. Disfrutarán ellos…y vosotros.

¿Y si practicamos el llamado arte de la pesca? Coged un recipiente lleno de agua y echad unos peces de juguete a modo de pecera. Ganará el niño que más peces  consiga pescar con su caña en un tiempo determinado, o bien el que más peces tenga en su cubo cuando ya no quede ningún pez en la pecera.

Esperamos que con éstas y otras actividades que os iremos sugiriendo en próximos posts y artículos podáis pasar un verano más divertido y relajando en compañía de vuestros niños.

Cuidando la alimentación de tu hijo, parte 2

Seguimos hablando sobre alimentación infantil en el blog de Xiquets.net. Retomando el hilo del último post, hemos de referirnos ahora a algunos tipos de comida sobre los que también hay establecidas muchas generalidades y mitos, algunos de los cuales pueden ser falsos o, cuanto menos, inexactos.

Ejemplo de ello son las papillas. Son necesarias, nutritivas y útiles, perol en algún momento se han de ir abandonando progresivamente para introducir nuevos alimentos. Pero, ¿Qué ocurre si el niño, acostumbrado como está a las papillas, rechaza aquellos y escupe la comida? ¿Qué puedo hacer?

En primer lugar, hay que entender que en este periodo algunos niños desarrollan rechazo a los nuevos alimentos (lo que se denomina neofobia) y que será necesario exponerle varias veces a lo nuevo para que finalmente lo termine aceptando. Es imprescindible, por tanto, tener paciencia, insistir en ello, sin castigar ni dramatizar la situación, y reforzar al niño de forma positiva cuando lo consigan.

¿Y qué hay de las frutas y verduras?

Otro quebradero de cabeza son las posibles carencias en el menú alimenticio. Concretamente es habitual que se produzca cierto rechazo o menosprecio a tomar fruta y verdura. Si estamos en este caso, conviene que insistamos en su consumo, ya que son alimentos importantes. Sin embargo hay que dejaro que insistir no es forzar, ya que eso podría crear mayor rechazo. Los expertos aconsejan darlos poco a poco, comenzando con rodajas o pequeños trozos de verdura cocinada y/o mezclada con alimentos que le gusten. Para la fruta también es aconsejable darla pelada y cortada en cuadraditos y/o mezclada con yogur o zumo. Otra opción es ofrecer la fruta mientras se va preparando la comida: así el niño la aceptará mejor porque tiene apetito.

No menos habituales son los problemas de sobrepeso. Ante ello es costumbre general quitarles el pan y la pasta de la dieta. ¿Es correcta esta práctica habitual? Al respecto nutricionistas y pediatras recuerdan que los derivados de la harina, caso del pan, cereales, la pasta… son la base de la pirámide alimentaria y han de consumirse a diario. Son ricos en hidratos de carbono y este macronutriente ha de suponer aproximadamente el 55-60 por ciento de la dieta. Lo que sí sería conveniente es que fueran integrales, porque aportan más cantidad de fibra que sacia más rápido, y no acompañarlos de alimentos altamente calóricos como mantequilla o embutidos.

Cuidando la alimentación de tu hijo

La alimentación de los niños es una de las principales preocupaciones de los padres. De ella no sólo depende, en gran medida, su desarrollo físico y psicológico, sino también la adquisición de buenos hábitos saludables y la prevención de posibles enfermedades como la obesidad infantil. De hecho, esta última se ha convertido en uno de los problemas que exigen atención plena pues estudios recientes indican que España ya es el tercer país europeo con mayor prevalencia de obesidad infantil. De hecho, el 18,1 por ciento de los niños tienen obesidad y el 23,2 por ciento sobre peso.

Hay muchos factores que pueden contribuir a ello aunque es fundamental que en el seno de las familias se promuevan  promover comportamientos saludables en los niños desde la edad preescolar, de forma que los asuman e interioricen como propios y naturales. A edades tempranas muchos niños se niegan a ingerir determinados alimentos rebelándose contra los mismos. Muchos padres, en primer término, reaccionan eliminando de la dieta esos alimentos, lo que acaba restringiendo la alimentación de sus hijos y propia la falta de nutrientes.

A ello se unen una gran cantidad de prejuicios por parte de los padres (algunos con cierto fundamento pero muchos de ellos propiciados por comentarios generales o de terceras personas sin conocimiento técnico de la posible problemática). Un ejemplo de ello es el consumo de huevos, que por costumbre se restringe a dos o tres días por semana.

En este caso concreto los expertos así lo recomendaban anteriormente, aunque los últimos estudios señalan que el huevo no influye tanto como se pensaba en el aumento de los niveles de colesterol sanguíneos, además deque aporta proteínas de alto valor nutricional, vitaminas y minerales. Por lo tanto, si nos encontramos ante un niño sano que toma una dieta variada y saludable no tenemos por qué ser tan estrictos con el número de huevos que debe consumir.

Otra cuestión habitual es la obligatoriedad (o no) de triturar todos los alimentos a los niños pequeños. Se trata de una práctica bastante habitual cuando son bebés, evidentemente, pero que muchas veces se extiende por simple rutina o temor a que no coman. Es bastante habitual que un niño tenga problemas cuando se introducen los alimentos sólidos, y muchas veces esta situación se perpetúa porque nos empeñamos -tanto los pediatras como los familiares- en hacerlo así, porque aseguramos que de esta forma se comerá todos los nutrientes que necesita. Sin embargo, en algún momento tendremos empezar a dar texturas sólidas de forma progresiva para que vaya adquiriendo ese aprendizaje. Al principio será difícil pero poco a poco, con paciencia y dedicación, se conseguirá que el niño tome los alimentos sólidos acordes a su edad.