¿Qué tipo de videjuegos son los recomendables para mi hijo?

En un anterior número del blog de Xiquets.net, la guía de las revistas de La Marina, analizábamos la conveniencia o no de los videojuegos para niños y adolescentes. Superado este paso, y dando por sentado que es una tendencia actual a la que hay que adaptarse, surgen otras cuestiones, como por ejemplo qué videojuego comprar.

Uno de los criterios a seguir puede ser la clasificación según el contenido. Al igual que las películas, los videojuegos tienen marcada cuál es la edad mínima para poder jugarlo. En España se sigue la normativa europea PEGI (Pan European Game Information), que establece la edad mínima aconsejable para cada juego.

Contenidos y edades

Antes de los 3 años los niños no muestran interés por los videojuegos, ya que no disponen de las habilidades cognitivas suficientes. Su interacción con ordenadores, tablets y móviles son para ver contenido de video, como dibujos animados, películas infantiles o incluso algo tan insólito como contemplar a una niña abrir cincuenta huevos sorpresa seguidos.

Los expertos suelen recomendar juegos donde el objetivo sea construir cosas sencillas, identificar animales o desarrollar habilidades de lecto-escritura, ya que a esa edad empiezan con ese aprendizaje en la escuela. Suelen ser, además, juegos que no necesitan continuidad, ya que los niños a esas edades suelen cansarse y aburrirse rápido por su capacidad limitada de mantener la atención o elaborar razonamientos complejos sobre estrategias del juego. Y algo muy importante: es recomendable que los padres jueguen con los niños.

Dado que a partir de los 7 años los niños son más autónomos y con más habilidades cognitivas, los juegos tienen una mayor más dificultad, lo cual exige el desarrollo de estrategias de mayor nivel. Por lo tanto, los niños ya pueden “engancharse” con más facilidad, así que debemos estar atentos a los límites de tiempo.

Es a partir de los 12 años el niño ya es capaz de sostener la atención y concentrarse mucho tiempo, así que puede adentrarse en juegos de alto nivel, tanto de habilidad como estrategia. De hecho, resulta bastante sorprendente el nivel de destreza que pueden desarrollar en su interacción con la máquina. Y también bastante desalentador para nosotros cuando jugamos con ellos.

A partir de 14 o 15 años aparece inevitablemente la preferencia hacia juegos tipo MMO en línea (Juegos multijugador en línea cooperativos), donde se juntan jugadores de todo el mundo con avatares virtuales en misiones que pueden llegar a tener una complejidad muy elevada.

El problema principal a partir de los 14 años es que los videojuegos pueden restar tiempo a otras actividades, como el estudio, el deporte o la interacción familiar. En los adolescentes es mucho más difícil imponer una disciplina, así que lo recomendable es, por ejemplo, ofrecer alternativas de diversión al aire libre, tanto con amigos como dentro de la familia. Es decir, el niño es quien debe encontrar en las actividades alternativas un placer mayor que el de estar frente a una pantalla. Esa labor es familiar, escolar y, en general, del entorno que rodea al niño. Y no es fácil. Exige tiempo y esfuerzo.

La mayoría de videojuegos son online y pueden conectarse a través de internet con otros jugadores. Se puede interactuar con ellos de múltiples maneras. Muchas son beneficiosas, pues sirven para jugar en cooperación y así aprender o desarrollar estrategias. Otras, en cambio, son perjudiciales, como retroalimentarse con otros jugadores para jugar más tiempo, aprender un lenguaje inapropiado o incluso crear una relación que va más allá del juego con alguien que no se sabe quién es. Por lo tanto, debemos vigilar con quién juega nuestro hijo y cómo lo hace.

Dejar a los niños solos en casa. ¿A qué edad? (Parte II)

La semana anterior comentamos en el blog de Xiquets.net, la guía de las familias de La Marina, la dificultad que suponía para muchos padres el hecho de dejar a los niños solos en casa, al menos las primeras ocasiones. Lo difícil que resultaba dar el paso.  Asimismo os trasladamos unos pequeños consejos para ganar en seguridad y tranquilidad. Pues bien, en este nuevo post vamos a daros algunas indicaciones más para completar el tema:

-Instrucciones claras y precisas, que no se preste a confusión ni le cree incertidumbre sobre algo que no controla. Cuando se va a dejar a un niño solo en casa es preciso que se detalle qué puede hacer y qué no. Cuando se produzca vuestra primera salida es incluso bueno que las dejéis recogidas por escrito y para que pueda leerlas y repasarlas si es necesario. Entre las indicaciones principales debería estar no abrir la puerta a extraños o no realizar uso de aparatos que conlleven riesgo como pueden ser los electrodomésticos que se encuentran en la cocina.

-Apuntadle números de contacto. Es imprescindible que si vuestro hijo siente la necesidad de hablar con vosotros pueda llamaros. Para ello es conveniente dejar apuntado vuestro número de teléfono e indicarle que llame si surge algo. Dejadle también un par de teléfonos de contacto por si sucede alguna emergencia. Educarle sobre los servicios de urgencia como la policía, bomberos y el servicio de urgencias médicas ambulancia será algo positivo en el caso de que aparezca un problema.

-Llamadle o enviadle mensajes. Decidle dónde estáis y cuando pensáis volver, aproximadamente. De esta forma lograréis transmitirle confianza y evitaréis que surjan brotes de ansiedad.

-Y, prácticamente la más importante, que engloba muchas de los consejos que hemos apuntado: enseña a tus hijos a ser autónomos. No es fácil, pero supuesto, pero depende en gran medida de nuestra actitud y constancia. Para ello os aconsejamos que aplaudáis las decisiones que tomen que conlleven un aumento de responsabilidad y fomenten su confianza. No sobreprotejas a tus niños y déjales libres para que, siempre de un modo seguro, puedan ir creciendo poco a poco y ser capaces de hacer las cosas por su cuenta.

Dejar a los niños solos en casa. ¿A qué edad? Primera parte

Dejar a los niños solos en casa es una de las dudas que asalta a los padres con mucha frecuencia. Sabemos que en algún momento debemos dar el paso y ser capaces de que nuestros hijos se queden en casa sin nuestra vigilancia o cuidado. De esta forma ganarán en autonomía y nosotros, en independencia. Es un paso conveniente y casi obligado, pero, ¿Cuándo darlo? ¿Qué edad debe tener nuestro hijo? ¿Cuál es el momento adecuado en el que podemos irnos y saber que puede estar en casa sin que haya a priori ningún problema?

Desde el blog de Xiquets.net, la guía de las familias de La Marina, hay que señalar en primer lugar que no existe una edad legal para dejar niños solos en casa, por lo que serán los padres, vosotros, quienes deberéis valorar esta opción, según la madurez, responsabilidad, características y condiciones de vuestro hijo. La mayoría de expertos considera que en muchos pequeños dichas aptitudes no se alcanzan hasta los siete años, pues es complicado que hasta esa edad un menor alcance conciencia de riesgo o sea capaz de resolver con éxito situaciones complicadas. El tramo de edades que aconsejan los expertos para que los niños empiecen a estar en casa sin supervisión de sus mayores es de los nueve a los doce años.

Ahora bien, antes de dejar solo a un niño en la vivienda es conveniente explicarle una serie de reglas e indicarle qué hacer si sucede algún imprevisto. Es decir, preparar la situación. A continuación os enumeramos una serie de puntos a tener en cuenta:

-Déjale comida preparada. Aunque el tiempo que se quede solo el niño sea pequeño y no coincida con unas horas cercanas a la comida o a la cena, es conveniente dejar siempre alimento disponible por si tiene hambre. Este consejo también es aplicable si se decide dejar solo a una mascota. Además, al dejárselo preparado, evitamos la posibilidad que intente cocinar por su cuenta y utilice objetos peligrosos.

-Cuando decidas dejarlo sólo, hazlo de manera progresiva. Si piensas dejar a tu hijo solo en casa durante periodos prolongados es mejor hacerlo paulatinamente. De este modo es mejor empezar dejando al niño en su habitación de manera solitaria durante un periodo de tiempo sin molestarle. Analiza cómo se siente o si requiere que estéis con él pasado un rato. Posteriormente es el momento de empezar a hacer salidas del hogar muy cortas, como ir a tirar la basura. Será entonces cuando nuestro hijo esté solo en casa durante unos minutos, pero sabiendo siempre que volverás inmediatamente. Pregúntale cómo se ha sentido y empieza a hacer que los momentos en los que se queda en la vivienda sean cada vez más prolongados.

Deja al niño ocupado en algo. El tiempo pasa más rápido cuando hacemos algo que nos gusta. Una actividad que le mantenga distraído hará que no eche tanto de menos vuestra presencia y evitará que se mueva por la casa y pueda realizar acciones que conlleven riesgos. Ver la televisión, jugar o hacer deberes son algunas de las acciones que mantienen al niño concentrado.

Disfruta de la playa…pero con precaución

Disfrutar de la playa en verano es uno de los mayores placeres. Y, en el caso de la Marina, con todos los kilómetros de costa que tenemos, un privilegio. No obstante, si lo hacemos en familia y con niños será necesario tomar una serie de precauciones, más si los niños son pequeños, ya que los rayos solares y el agua del mar pueden ser perjudiciales en exceso. Tomad nota:

-No exposición directa al sol

Respecto al primer punto, no cabe duda de que el sol tomado adecuadamente fortalece las defensas, es beneficioso para los huesos, mejora el aspecto de la piel y sube el ánimo, entre otros efectos positivos. Pero también provoca quemaduras. Expertos dermatólogos destacan que el sistema natural de protección en los niños no está desarrollado, por lo que recomiendan no exponer a los niños al sol directamente durante el primer año de vida, existiendo además un destacable peligro de quemaduras y de aparición de lunares que pueden derivar en males mayores.

Por tanto, conviene que el niño menor de un año permanezca en zona sin exposición directa al sol y con la piel cubierta; según vaya creciendo, podrá disfrutar de los beneficios de esa exposición directa en breves intervalos de tiempo y divertirse en el agua y en la arena con gorrita y los convenientes protectores solares.

-¿Y qué hay del mar?

Para muchos pequeños, la llegada del verano y el encuentro con el mar es una aventura. Esta primera experiencia puede resultar traumática o, por el contrario, ser apasionante. De hecho, algunos niños no tienen ningún miedo al agua y son capaces desde el primer día de lanzarse en busca de las olas y disfrutar de las posibilidades que ofrece la playa; otros, sin embargo, reaccionan con un poquito de miedo ante esa cantidad tan grande de agua, que se acerca muy deprisa y que pica en los ojos…

De la misma manera que sucedía con el sol, es conveniente que vuestro ‘peque’ se vaya acostumbrando poco a poco a permanecer un ratito en el agua, siempre con vigilancia, a sentarse en la orilla y jugar con la arena, a pasear despacito y chapotear un poco, a la vez que podrá entrar con papá o mamá donde cubre un poquito y así empezar a mover brazos y piernas en función de si capacidad motriz, para convertirse en un gran nadador.

El acercamiento a este nuevo entorno debe realizarse de forma gradual, muy poco a poco para evitar rechazos y con mucha prudencia a la hora de elegir la hora del baño, mejor a primera hora de la mañana o al final de la tarde, y procurando siempre que el niño esté bien hidratado, se exponga al sol durante espacios cortos y con la piel protegida.

-Jugar con la arena

Cuando aún es un bebé, hay que tener mucho cuidado para que no se meta arena en los ojos o en la boca y estar atentos a que sus orejitas no se llenen de arena o barrillo. Sin embargo, la arena puede considerarse como un lugar ideal para jugar con el cubo, la pala y el rastrillo, hacer castillos de arena, agujeros por donde pasa el agua, fortalezas ante las olas y ver cómo el agua tapa las huellas de sus pies. Con todas estas actividades el niño disfrutará y podrá desarrollar su imaginación. Además, la arena le ayudará a fortalecer sus piernas al andar por la orilla, desarrollar su motricidad, su equilibrio y estimular la circulación.

Consejos para la noche de San Juan en la playa

Este domingo, 23 de junio, se celebra en toda España la festividad de San Juan. También en La Marina, donde los más supersticiosos y fiesteros tienen una cita con el mar y la playa. La noche más mágica del año, la de los rituales, creencias y tradiciones, se vive con intensidad en la Costa Blanca, donde es casi una obligación encender una hoguera deberá saltarse de forma reiterada, bañarse en el mar  y saltar las olas. Todo para que, al menos,  se cumplan algunos de los deseos que pedimos durante esta noche tan llena de magia.

Pero esta noche tan especial también requiere de una serie de consejos y precauciones que debemos tener en cuenta para evitar cualquier percance, además de procurar que la playa pueda ser disfrutada por todos durante la jornada del día siguiente; que, por cierto, será por primera vez festivo en toda la Comunitat Valenciana.

Entre las consignas que os pueden resultar útiles, recordad que la conveniencia de no utilizar ningún combustible para encender o avivar la hoguera, además de que éstas siempre tienen que estar supervisadas por adultos y nunca hay que dejar menores cerca de ellas.

Es importante no arrojar ningún vidrio a la hoguera. En caso de accidente con el fuego, los expertos aconsejan rodar por la arena o, si se trata de otra persona la que ha sufrido quemaduras, intenta taparle con una manta o una prenda que sea de fibra (además de hacerla rodar).

Si os vais a bañar, procurad hacerlo siempre en compañía y en ningún caso os alejéis de la costa. Para ello, y también para evitar otras conductas inapropiadas, es muy importante no abusar del alcohol.

Alerta con los robos

Otro aspecto no menos relevante es intentar llevar las pertenencias justas y necesarias, ya que esa noche es una de las que más robos se comenten por descuidar los objetos personales en la arena o por hacer su particular “agosto” carteristas y demás maleantes.

Llevad en todo momento vuestro DNI, ya que éste es quien os identifica en cualquier momento por si os ocurriese algo o por si la autoridad necesita hacer comprobaciones pertinentes. Así mismo, portad vuestra tarjeta SIP por si necesitáis atención médica a lo largo de la noche por cualquier cosa. Más vale prevenir.

Y, por último, haced un esfuerzo por recoger todo residuo que generéis para así facilitar la labor de quienes no pueden disfrutar de esa noche y trabajan para la seguridad y el bienestar de todos los que sí pueden hacerlo

Llega el verano: Precauciones para tu hijo

Por fin llega el verano, el calor y las vacaciones para los niños. Sin embargo, además de tiempo libre, diversión y descanso,  también es una época de las altas temperaturas y una elevada exposición al sol, por no hablar de los cambios de horarios, de hábitos alimenticios y de sueño o del uso de piscinas. Para afrontar todas estas circunstancias y rutinas conviene que toméis algunas precauciones o, cuanto menos, que tengáis conocimiento de posibles incidencias y estéis preparados para las mismas:

Precauciones ante la exposición solar

Durante los meses de junio, julio, agosto y también septiembre (aunque este último, en menor medida) conviene  evitar las horas de mayor exposición al sol, es decir, entre las 12 y las 17 horas. Recordad que esta franja horaria los rayos solares pueden afectar de forma especial a la piel, y más cuando se trata de niños. Prohibir a los niños que no jueguen en la playa, en el jardín o en la piscina resulta en ocasiones complicado. Por ello, los especialistas recomiendan una serie de pautas.

Las más significativas son la aplicación de  cremas protectoras media hora antes de la exposición al sol, el uso de  gafas de sol de calidad que eviten el impacto solar en la vista u obligarles a que lleven gorras o sombreros para que se protejan de la radiación solar.  También se aconseja beber agua con frecuencia así como, en nuestro caso propio, refrescar el coche (encender el aire acondicionado o abrir las ventanas y puertas para que se ventile) antes de que se suban al mismo.

Golpes de calor

Mucha precaución con los posibles golpes de calor. Tened presente que los niños y los bebés se ven más afectados por las subidas de las temperaturas, por lo que hay que prestar una mayor atención a su correcta hidratación. Hay que tener en cuenta que la proporción de agua del organismo infantil es mayor que la del adulto, por lo que es muy importante reponer los líquidos perdidos en la sudoración. Y en verano, todos (y ellos, todavía más) sudamos mucho. Por todo ello, y subrayan los pediatras,  es mejor ofrecerle agua aunque no la pida o no se sienta sediento.

Trastornos de sueño

Debido a la mayor duración del día y, especialmente, a la no obligación de madrugar al estar de vacaciones escolares, en verano puede ser muy tentador dejar que los niños permanezcan despiertos hasta tarde y duerman. Os aconsejamos que, aunque sea difícil, intentéis mantener el horario diario del año escolar, tanto en las comidas como a la hora de acostarse, pues de cara a septiembre (el tiempo pasa volando) será mucho más fácil la adaptación al horario escolar.

 

Los niños y las redes sociales: Qué utilizan, cuánto tiempo y a qué edad

El uso de las redes sociales en los niños y adolescentes se ha incrementado exponencialmente en los últimos años gracias al desarrollo de nuevas plataformas sociales y a las nuevas funcionalidades de las redes ya existentes. En la actualidad, los menores destinan, diariamente, más de 3 horas de su vida a realizar cualquier acción en sus perfiles sociales. Además, la frecuencia de conexión de una cuarta parte de ellos, es de más de 10 veces al día (muy superior en redes sociales como WhatsApp).

La edad media de inicio al mundo de Internet se establece en 7 años. Los niños empiezan a necesitar sentirse parte de un grupo social cuando son un poco más mayorcitos. Por ello, pasan más tiempo conectados en redes sociales tratando de interactuar con sus amigos o seguidores que, comiendo, durmiendo o estudiando, por ejemplo. Tienen la necesidad de hacer amigos, y para ello chatean, envían fotos, mensajes y vídeos, descuidando en muchas ocasiones su intimidad.

La configuración de los perfiles

Las estadísticas dicen cerca del 25% configura su perfil en modo público, es decir, sin ningún tipo de restricción. Y tres de cada diez hace visible el nombre de su escuela. Además, cuánto más mayores son, más datos aportan todavía. Así es como el 90% de los más jóvenes comparte su número de teléfono y un 10% su el nombre de su ciudad.

¿Qué redes sociales son las más populares?

En cuanto a las redes sociales más utilizadas, por niños y adolescentes, destacan las conocidas Instagram, WhatsApp y YouTube. También está teniendo cada vez más aceptación Snapchat (aplicación móvil de mensajería instantánea en la que las fotos y videos pueden ser visualizados durante 10 segundos para, a continuación desaparecer.)

Sin duda son los Smartphone los dispositivos por excelencia para el uso de redes sociales en los niños y adolescentes. La portabilidad de tales dispositivos ha favorecido al aumento de la frecuencia de navegación en redes sociales entre los más pequeños, también por sus necesidades de aceptación social.

Evidentemente, prohibir por completo el uso de las redes sociales no es la mejor solución en este mundo globalizado donde internet y los móviles manda, aunque restringirlo o, cuanto menos, establecer unos límites o controles será conveniente cuando hablamos de menores.

Navegar seguros en la Red

Recientemente se ha celebrado en toda Europa el denominado Día de la Internet Segura, un evento promovido por la red INSAFE/INHOPE con el apoyo de la Comisión Europea, que se celebra cada mes de febrero con el objetivo de promover un uso seguro y positivo de las tecnologías digitales, especialmente entre niños y jóvenes.

La razón queda justificada si nos atenemos a las cifras, cuando hablamos de menores: El 64% de niños entre 2 y 8 años posee un dispositivo propio con el que puede conectarse a la red, con predominio de la tablet (38%) frente al smartphone (26%), y un 52% lo utiliza a diario, como se extrae de una encuesta realizada por Lingokids.

En cuanto al tiempo que dedican en cada sesión, el 54% de los niños emplea entre 30 y 60 minutos al día, y un 32% afirma destinar más de una o dos horas. En el cómputo semanal, un 43% de estos menores pasa más de 6 horas con dispositivos móviles, y un 32% entre 4 y 6 horas semanales.    Por tipo de contenidos, un 29% de los niños accede a Internet para ver vídeos de YouTube, seguido de los que se conectan para ver películas y dibujos animados (23%).

Estos datos evidencian la necesidad de proteger la seguridad y privacidad en internet de niños y adolescentes, a los que los expertos desaconsejan airear públicamente todos sus datos personales por los riesgos que les puede acarrear. Asimismo, tanto para ellos como para sus padres, se recomienda seguir una serie de pequeños «trucos» para disfrutar de las redes sociales de forma segura. Entre otros, usar siempre la identidad real en la plataforma y denunciar a los que no lo hagan, escoger bien a los amigos, crear contraseñas difíciles, alertar de los contenidos abusivos o iniciar y cerrar las sesiones de forma segura.

Pero el principal de todos ellos es no subir imágenes ni compartir fotos, especialmente con imágenes que pueden resultar comprometidas o subidas de tono, ya que la red es un refugio para muchos pederastas, que aprovechan cualquier motivo o excusa para intentar contactar con los menores y aprovecharse de ellos.

También es aconsejable que conozcan qué está permitido en la red y qué puede constituir delito, así como conocer los sistemas de protección digital y saber cómo salvaguardar su identidad digital pese a las continuas demandas de información y datos de contacto que recibimos cuando navegamos.

¿Cuándo debería comprarle a mi hijo un teléfono móvil?

Es inevitable y puede ser que también conveniente que mi hijo tenga un teléfono móvil. Ahora bien, ¿Qué uso le va a dar? Y, sobre todo, ¿A qué edad se lo compro?

Ciertamente dejarles el teléfono móvil a los niños desde muy corta edad se ha convertido en una escena muy habitual entre familias de todo el mundo. El problema, tal y como apuntan muchos pediatras, es que un teléfono no es un juguete, por lo que no pueden ni deben hacer el mismo uso de este dispositivo del que hacen con sus juegos tecnológicos.

La necesidad de socialización suele ser una de las razones para que un niño de 12 años insista en tener un teléfono móvil. Todos los amigos, o muchos de ellos, tienen uno, lo que implica que nuestro hijo también quiera el suyo para no ser menos y evitar sentirse excluido.

Esta especie de cambio social aparece justo cuando empieza la adolescencia. Y es en este punto cuando es importante analizar las razones que justifican por qué queremos darle un teléfono móvil: si realmente lo necesita o si estamos cediendo ante una presión social.

Además, la pregunta no es tanto a qué edad, sino saber qué tipo de dispositivo darle. Y siempre establecer reglas antes de suministrarle el aparato. Con un niño de 14 o 15 años es más difícil poner límites, pero con uno de 12 aún llegamos a tiempo y puede resultar más sencillo.

Por ejemplo, su primer teléfono móvil no tiene por qué tener acceso a internet. Es una característica que podemos regular desde el principio e, incluso, negociar con nuestro hijo para que sólo pueda conectarse al wifi de casa durante un determinado tiempo o franja horaria.

Asimismo también es conveniente que a determinadas horas, como las del desayuno/comida/cena, no haya ningún aparato sobre la mesa. Y que apaguen el teléfono móvil antes de irse a dormir. Los especialistas puntualizan que la luz azul del teléfono tiene un efecto negativo en las hormonas que garantizan un sueño profundo. Ningún niño puede rendir bien al día siguiente si no ha dormido bien por la noche.  Tampoco habrá que dejarle que descargue ciertas aplicaciones ni que lo utilice para jugar.

Resumiendo, os dejamos algunas pautas a seguir:

  • Dejar a un lado los prejuicios: no todos los niños son iguales.
  • Buscar el momento adecuado: no lo ofrezcas como un regalo, sino como algo que le prestas.
  • Configurar el teléfono adecuadamente: con una cuenta de usuario en la que el niño esté dado de alta como menor, de manera que necesite tu aprobación cada vez que quiera descargarse una aplicación.
  • Establecer normas y hablar más: no se trata de prohibir, sino de establecer reglas de uso y educarles en el uso de la tecnología.

La clave consiste en no darles a los niños demasiada autonomía y en educarles para que aprendan a gestionar la tecnología a la que les damos acceso.

Al cole en coche, pero seguros

En anteriores posts de la Guía Xiquets.net, la guía de las familias de La Marina, nos hemos referido ya a la Vuelta al Cole, incidiendo en cuestiones como el material escolar o las mochilas. Hoy, sin abandonar esta temática relacionada con el mes de septiembre, queremos abordar otro tema no menos importante: el transporte de los niños y, más concretamente, cómo los llevan sus padres en sus vehículos, a fin de evitar sanciones o, peor todavía, accidentes.

Es cierto que, por regla general, hablamos de trayectos cortos, pero no por ello resultan menos peligrosos. Al contrario: es en vías secundarias, determinadas franjas horarias y zonas que frecuentamos habitualmente donde se registran muchos accidentes. Las prisas, la mayor densidad de tráfico y la confianza hacen que haya que extremar las medidas de precaución, especialmente si llevamos niños a bordo.

Recordaros que el niño debe viajar en una sillita o elevador adecuado a su talla y peso. De hecho, según el Reglamento General de Circulación, los menores con una estatura igual o inferior a 135 centímetros tienen que ir sentados en un sistema de retención infantil (SRI) y correspondientemente abrochados.

Apuntar, en este sentido, que llevar a menores en el vehículo sin su correspondiente sistema de retención infantil o sin que estén adecuadamente sujetos con el arnés o el cinturón abrochado es una infracción grave. Esto supone una multa de 200 euros y la retirada de 3 puntos del carnet de conducir.

Asimismo deben acomodarse siempre en la parte posterior del coche, salvo que el vehículo sea biplaza o cuando todas las plazas traseras estén ya ocupadas por otros menores de las mismas características. Otro punto importante es la orientación de la sillita, que colocada en sentido inverso a la marcha mejora la seguridad del pequeño en caso de impacto

Mochilas y otros objetos, en el maletero

En los desplazamientos en coche al colegio es importante transportar las mochilas y otros objetos en el maletero. En el habitáculo, nunca debe haber objetos sueltos, ya que se pueden convertir en un peligroso proyectil en caso de frenazo brusco o accidente. Llegados a destino los ocupantes es mejor siempre que bajen del vehículo por el lado de la acera o miren muy bien hacia atrás para cerciorarse de que no se acerca ningún vehículo que pueda atropellarlos. Toda precaución es siempre poca. Por eso, al cole pero seguros.