Navegar seguros en la Red

Recientemente se ha celebrado en toda Europa el denominado Día de la Internet Segura, un evento promovido por la red INSAFE/INHOPE con el apoyo de la Comisión Europea, que se celebra cada mes de febrero con el objetivo de promover un uso seguro y positivo de las tecnologías digitales, especialmente entre niños y jóvenes.

La razón queda justificada si nos atenemos a las cifras, cuando hablamos de menores: El 64% de niños entre 2 y 8 años posee un dispositivo propio con el que puede conectarse a la red, con predominio de la tablet (38%) frente al smartphone (26%), y un 52% lo utiliza a diario, como se extrae de una encuesta realizada por Lingokids.

En cuanto al tiempo que dedican en cada sesión, el 54% de los niños emplea entre 30 y 60 minutos al día, y un 32% afirma destinar más de una o dos horas. En el cómputo semanal, un 43% de estos menores pasa más de 6 horas con dispositivos móviles, y un 32% entre 4 y 6 horas semanales.    Por tipo de contenidos, un 29% de los niños accede a Internet para ver vídeos de YouTube, seguido de los que se conectan para ver películas y dibujos animados (23%).

Estos datos evidencian la necesidad de proteger la seguridad y privacidad en internet de niños y adolescentes, a los que los expertos desaconsejan airear públicamente todos sus datos personales por los riesgos que les puede acarrear. Asimismo, tanto para ellos como para sus padres, se recomienda seguir una serie de pequeños “trucos” para disfrutar de las redes sociales de forma segura. Entre otros, usar siempre la identidad real en la plataforma y denunciar a los que no lo hagan, escoger bien a los amigos, crear contraseñas difíciles, alertar de los contenidos abusivos o iniciar y cerrar las sesiones de forma segura.

Pero el principal de todos ellos es no subir imágenes ni compartir fotos, especialmente con imágenes que pueden resultar comprometidas o subidas de tono, ya que la red es un refugio para muchos pederastas, que aprovechan cualquier motivo o excusa para intentar contactar con los menores y aprovecharse de ellos.

También es aconsejable que conozcan qué está permitido en la red y qué puede constituir delito, así como conocer los sistemas de protección digital y saber cómo salvaguardar su identidad digital pese a las continuas demandas de información y datos de contacto que recibimos cuando navegamos.

Cómo saber si tu hijo es adicto a los videojuegos…

Si no todos, una gran cantidad de niños, adolescentes y jóvenes han jugado o juegan periódicamente a los videojuegos. Recientemente la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha incluido la adicción a los videojuegos como una enfermedad, en concreto como una patología de tipo mental, lo que debe alertarnos sobre el peligro real de estos dispositivos electrónicos y audiovisuales.

Es cierto que jugar a los videojuegos no implica necesariamente que nuestro hijo esté enganchado a los mismos o que sean adictos. ¿O sí? ¿Cómo saberlo? Aquí tenéis algunos síntomas característicos que presentan con una la adicción a los videojuegos:

El principal indicador, y que se puede observar claramente, es la existencia  de un comportamiento tanto compulsivo como impulsivo, lo que se muestra jugando el niño o adolescente juega y cuando hace otras cosas distintas. En el momento en que sea incapaz de concentrarse en otra actividad y requiera el contacto con los videojuegos habremos de sospechar que podemos estar ante un adicto.

Otro signo es una irritabilidad notable en el comportamiento, lo que puede desembocar en una crisis de ansiedad y episodios agresivos. Cuando el jugador no puede conseguir su anhelo, que es jugar, puede volverse agresivo.

En tercer lugar, una falta de control a nivel social. Jugar a los videojuegos es la prioridad, por encima de los estudios, de los amigos o de otro tipo de actividades. Necesitan jugar a este tipo de juegos, ya sea con el ordenador, la videoconsola o ahora, incluso, con los móviles.

En cuanto a los efectos de este tipo de adicción, catalogado ya como enfermedad mental, se encuentran afectaciones de tipo neuronales muy importantes así como una evidente pérdida de actividades cognitivas, sin olvidar la incapacidad de comunicarse o una alta posibilidad de sufrir el fracaso escolar.

No es menos cierto que no todos los juegos son iguales, aunque muchos de ellos (para enganchar) se basan en enfrentamientos entre jugadores utilizando una realidad virtual donde la destrucción del adversario es el principal objetivo. Una temática que no ayuda en exceso a la educación y la adquisición de buenos hábitos sociales para vuestros hijos.

Tomad nota y evitar  que sea demasiado tarde. Es un consejo del blog de Xiquets.net, la web-revista de las familias de la Marina.

Mi hijo no para de jugar al Fornite: ¿Qué puedo hacer?

Seguro que habréis oído hablar del ‘Fortnite. O posiblemente estéis ‘hasta el gorro’ de escuchar a vuestro hijo mencionarlo o jugar a él. Fornite hace mención al nombre de un juego de consola que está causando furor entre niños y adolescentes. De hecho, está arrasando entre los escolares a partir de 7 años y monopoliza conversaciones, bromas, situaciones y representaciones en muchos hogares y patios de colegio.

Se trata de un juego de supervivencia, donde compiten hasta 100 jugadores en línea,  y en que solo puede quedar un jugador vivo, así que se trata de matar a todos los demás. El peligro del juego, además de su contrastado carácter violento por los contenidos y lo que representa, reside en su carácter gratuito, ya que basta con descargarlo en cualquier dispositivo para poder jugar. Además, se ha vuelto tan popular que cuenta con el apoyo de muchos famosos de todo tipo, incluidos gamers profesionales que ganan más de medio millón de euros subiendo a Youtube sus partidas.

La adicción que entraña (como podéis constatar no sólo por las conversaciones de vuestros hijos, sino también por las horas que le dedican ante la pequeña pantalla) o la agresividad que se desprende de las situaciones que aparecen en la pantalla) se añaden otros problemas derivados de este tipo de videojuegos  el tema de la Seguridad (desconocemos la identidad de muchos de los jugadores con los que pueden compartir el juego nuestros hijos por las mismas características del Fornite), el sedentarismo o la obesidad, que aparecen como efectos secundarios ocasionados por todas las horas que invierten en el (sin olvidar cuestiones como las malas posturas o el cansancio visual) y problemas de socialización (los niños ya no hablan cara a cara sino a distancia y por medio de auriculares.

Ante esta realidad, ¿Cómo pueden actuar los padres?

Lo primero que podemos y debemos hacer es limitar el uso de tiempo que emplean con la videoconsola. Para ello os recomendamos que negociéis con vuestros hijos: Se debe intentar llegar a un consenso, como dejarle terminar la partida (suelen durar una media de 20 minutos) si a cambio deja la consola sin protestar, o no la coge al día siguiente… Así verá que le entendemos, porque abandonar el juego en medio de una, significa dejar a sus compañeros en la estacada y perderán todos los puntos que hayan ganado durante ese encuentro. Eso enfadará mucho al hijo, así que mejor programamos el tiempo para advertirle que “esa partida, será la última del día”. Y todos salimos ganando.

El tema de la seguridad: Convendrá explicarles los peligros que implican compartir cualquier tipo de datos con esos jugadores desconocidos que le asocia el juego cuando no está en un equipo con los amigos.

Y, en tercer lugar, evitar las compras no deseadas. Recordad que en las consolas y móviles hay que configurar la seguridad en las compras para que los menores no puedan acceder sin permiso. Porque el juego no pone barreras. Si tienes una tarjeta de crédito activa y ninguna restricción de seguridad en la consola o en el móvil, la compra no es problema ninguno.

¿Cuándo debería comprarle a mi hijo un teléfono móvil?

Es inevitable y puede ser que también conveniente que mi hijo tenga un teléfono móvil. Ahora bien, ¿Qué uso le va a dar? Y, sobre todo, ¿A qué edad se lo compro?

Ciertamente dejarles el teléfono móvil a los niños desde muy corta edad se ha convertido en una escena muy habitual entre familias de todo el mundo. El problema, tal y como apuntan muchos pediatras, es que un teléfono no es un juguete, por lo que no pueden ni deben hacer el mismo uso de este dispositivo del que hacen con sus juegos tecnológicos.

La necesidad de socialización suele ser una de las razones para que un niño de 12 años insista en tener un teléfono móvil. Todos los amigos, o muchos de ellos, tienen uno, lo que implica que nuestro hijo también quiera el suyo para no ser menos y evitar sentirse excluido.

Esta especie de cambio social aparece justo cuando empieza la adolescencia. Y es en este punto cuando es importante analizar las razones que justifican por qué queremos darle un teléfono móvil: si realmente lo necesita o si estamos cediendo ante una presión social.

Además, la pregunta no es tanto a qué edad, sino saber qué tipo de dispositivo darle. Y siempre establecer reglas antes de suministrarle el aparato. Con un niño de 14 o 15 años es más difícil poner límites, pero con uno de 12 aún llegamos a tiempo y puede resultar más sencillo.

Por ejemplo, su primer teléfono móvil no tiene por qué tener acceso a internet. Es una característica que podemos regular desde el principio e, incluso, negociar con nuestro hijo para que sólo pueda conectarse al wifi de casa durante un determinado tiempo o franja horaria.

Asimismo también es conveniente que a determinadas horas, como las del desayuno/comida/cena, no haya ningún aparato sobre la mesa. Y que apaguen el teléfono móvil antes de irse a dormir. Los especialistas puntualizan que la luz azul del teléfono tiene un efecto negativo en las hormonas que garantizan un sueño profundo. Ningún niño puede rendir bien al día siguiente si no ha dormido bien por la noche.  Tampoco habrá que dejarle que descargue ciertas aplicaciones ni que lo utilice para jugar.

Resumiendo, os dejamos algunas pautas a seguir:

  • Dejar a un lado los prejuicios: no todos los niños son iguales.
  • Buscar el momento adecuado: no lo ofrezcas como un regalo, sino como algo que le prestas.
  • Configurar el teléfono adecuadamente: con una cuenta de usuario en la que el niño esté dado de alta como menor, de manera que necesite tu aprobación cada vez que quiera descargarse una aplicación.
  • Establecer normas y hablar más: no se trata de prohibir, sino de establecer reglas de uso y educarles en el uso de la tecnología.

La clave consiste en no darles a los niños demasiada autonomía y en educarles para que aprendan a gestionar la tecnología a la que les damos acceso.

La vuelta al cole después de Navidad

Llegó Papá Noel, el año nuevo, los Reyes Magos…y volvemos al trabajo….y al cole. Tras unos días de vacaciones, compromisos, descanso y algún que otro exceso, es hora de volver a la necesaria pero temida rutina. Nosotros, los mayores, y los peques, que regresan a la escuela. No resulta fácil y necesitarán para ello unos días de adaptación (se habla de aproximadamente 20 días), aunque si tomamos algunas medidas este proceso será más corto y sencillo para todos.

¿Cómo volver a la rutina tras las vacaciones de Navidad?
Uno de los mandamientos fundamentales es acostarse y levantarse temprano un par de días antes de la vuelta al cole para ir acostumbrando al cuerpo. También se recomienda mantener la hora del baño, que relaja a los niños antes de la cena y los prepara para meterse en la cama. Por eso, conviene a esa costumbre de duchase cuando los niños hayan terminado de jugar o de hacer los deberes, antes justo de cenar. Si lo hacéis a otra hora, también, siempre y cuando se recupere la rutina anterior a las vacaciones.

Otra de las costumbres a recuperar es evitar hacer los deberes justo el día antes de volver al cole para evitar estrés y que se acumulen los trabajos en exceso. Lo recomendable es haberlos hecho progresivamente durante las vacaciones o, al menos, no a última hora. Esta norma vale para el resto de días y semanas. La organización es fundamental para que los niños destinen parte de su tiempo libre a la realización de las tareas y deberes del cole, combinándolo con el necesario tiempo de juego o las posibles actividades extraescolares.

Otro consejo útil es ayudar a nuestro hijo a que se ordene sus cosas y acostumbre a mantener ese orden. La colocación y preparación de la mochila, hacer su cama, mantener ordenada su habitación y limpio su escritorio, tener la ropa colgada en su sitio y los juguetes apilados o guardados…son prácticas que conviene asentar para que no las olvide y queden asentadas.

Y, por último, constancia y paciencia, que son la fórmula mágica para muchas cosas. También para tratar con los niños. Sin olvidar la disciplina y una buena dosis de cariño. Desde el blog de Xiquets.net desearos un ¡Feliz 2019!

¿Hiperpadres superprotectores?

¿Os consideráis padres superprotectores? ¿Creéis que exigís demasiado a vuestros hijos a los que atiborráis a actividades extraescolares durante el curso? ¿Los defendéis demasiado, posiblemente a ultranza, por tenerlos en una especia de altar? ¿Habéis oído hablar de la Hiperpaternidad? Se trata de un nuevo concepto que apareció en Estados Unidos hace ya algunos años con las nuevas generaciones de padres y que se está exportando a Europa.

Hablamos de nueva cultura de crianza, relacionada con padres sobreprotectores e ‘hiperhijos’ sin tiempo para jugar ni aburrirse ante el exceso de actividades extraescolares al que deben hacer frente. Una auténtica experta en este fenómeno es Eva Millet, una prestigiosa periodista y escritora especializa en temas de educación, que es autora entre otras del libro Hiperpaternidad.

Millet estará en Dénia el próximo jueves 5 de julio en el Centro Social de Dénia, en una interesante charla que ha organizado el colegio Paidos pero que está abierta a toda la población, siendo la entrada libre y gratuita. La cita será a las 18.30 horas. La comunicadora nos hablará de un un nuevo sistema de crianza que “crea jóvenes ansiosos, impacientes, dependientes, con miedos y baja tolerancia a la frustración, lo que se refleja en su aprendizaje y rendimiento académico”, explica Millet.

 

‘Hemos pasado de tener hijos mueble, a los que hacíamos poco caso, a tener hijos altar, a quienes veneramos”, sostiene la periodista, que se refiere a  una nueva generación de padres sobreprotectores de unos hijos que se han convertido en el centro de las familias del siglo XXI. Millet sostiene que en este nuevo modelo de crianza “se importan las herramientas del trabajo, no se aceptan críticas y, además, existe una competencia brutal entre los padres, ya que los niños son signo de estatus”.

 

En su obra Eva Millet habla de cómo son los hiperpadres, que se caracterizan básicamente por prestar una “excesiva atención a los niños y practicar una perpetua supervisión” de todo lo que efectúan. Señala que los padres, “al resolver sistemáticamente los problemas a sus hijos, provocan que sean menos autónomos”. Además, “los justifican continuamente y estimulan de forma precoz para convertirlos en superniños”, lo que les resta tiempo para jugar. En este punto, Millet aboga por niños “que como máximo tengan tres tardes ocupadas, lo que ya es mucho”. Respecto a la relación entre los padres y la escuela, la periodista especializada en educación considera positivo que los padres se impliquen en la escuela, “pero cada uno tiene que saber cuáles son sus límites”.

Niños hiperactivos

La hiperactividad es una enfermedad cada vez más frecuente en los niños. Afecta fundamentalmente a la capacidad para mantener la atención y controlar los impulsos debido a un exceso de movimiento. Sin embargo, si se aborda desde la infancia es más fácil tratarlo y reducir su incidencia.

 

¿Cómo detectarlo?

Hay ciertos síntomas que delatan esta enfermedad en los pequeños.  En el colegio, por ejemplo, los niños que padecen hiperactividad suelen presentar un bajo rendimiento escolar, a pesar de tener capacidades intelectuales normales o incluso superiores a la media. También son frecuentes los problemas a la hora de relacionarse con otros niños. Todo ello nido al hecho de que no paran de recibir críticas, provocan que su autoestima se resienta, de modo que estos niños suelen tener una percepción bastante negativa de si mismos, según confirman los especialistas.

Los propios médicos recomiendan, en estos casos de hiperactividad, abordar la enfermedad desde una perspectiva multidisciplinar, es decir, tanto neuronal como relacional, implicando en todo momento a los padres, a los que se debe proporcionar la información necesaria. Si no se trata durante la infancia, se corre un serio riesgo de que entre un 60 y un 80% de los niños que la sufren continúen padeciendo esta enfermedad durante la edad adulta.

Y es que con la edad, el componente hiperactivo tiende a disminuir, pero la falta de atención y la impulsividad persisten de modo que, si no se actúa desde edades tempranas, los niños tendrán problemas de adaptabilidad social en la adultez, contrayendo mayor riesgo incluso de presentar conductas de riesgo e incluso adicciones.

Bulling o acoso escolar: un problema del siglo XXI

Por desgracia, el bulling o acoso escolar es un tipo de maltrato psicológico que se ha convertido en tendencia en la actualidad. En España, se estima que un 1,6 por ciento de los niños y jóvenes estudiantes sufren por este fenómeno de manera constante y que un 5,7 por ciento lo vive esporádicamente. Entre los 11 y los 14 años es el momento en el que se producen más casos de bulling.

La falta de respeto, de tolerancia y de educación está detrás de la mayor parte de casos de acoso escolar. Y en nuestros días, el alcance de internet y la presencia de las redes sociales todavía facilitan e incluso motivan a los pequeños para iniciarse en este tipo de comportamientos inadecuados.

Los expertos distinguen varios tipos de Bulling, desde el físico (agresión directa, robos o daños materiales en los objetos personales de la víctima), hasta el verbal, que es el más habitual y sólo deja huella en la víctima, al que se mina la moral a través de constantes humillaciones en público, insultos, motes, menosprecios, propagación de rumores falsos o mensajes telefónicos ofensivos.

Pero también se suele dar el maltrato Psicológico (aquel que se realiza mediante amenazas para provocar miedo u obligar a la víctima a hacer cosas que no quiere ni debe hacer…) o la social, consistente en la exclusión y en el aislamiento progresivo de la víctima.  En la práctica, los acosadores impiden a la víctima participar, bien ignorando su presencia y no contando con él/ ella en las actividades normales entre amigos o compañeros de clase.

Cómo luchar contra el acoso escolar

Prevenir el acoso escolar es una labor que los padres deben comenzar en casa, educando en empatía a su hijo, ayudándole a ponerse en el lugar del otro y haciendo comprender al pequeño que es importantísimo que se acepte cómo es, aprendiendo a asumir sus defectos.

¿Cambio de colegio? Lo cierto es que cada niño es un mundo y cada situación puede ser diferente. Si el niño solicita de forma reiterada este cambio de centro, hay que pensarlo y analizarlo detenidamente.

Con independencia del colegio, el niño necesita contar con habilidades socioemocionales, para lo que es importante que los padres cuenten con la ayuda del colegio y en algunos casos de un especialista para que sus hijos sean autónomos, se sientan seguros y asienten unas bases de comportamiento que consigan que el niño se respete y respete a los demás.