Regalar juguetes interactivos en Navidad: ¿Sí o no?

Seguro que ya estáis pensando qué regalar a vuestros hijos para Papa Noel o los Reyes Magos, qué juguetes les convienen o cuáles les harán más ilusión. Una las tipologías más demandadas pero, muchas veces, menos aceptadas por los padres son los juguetes interactivos, es decir, aquellos que usan pantallas, tablets, aplicaciones móviles o que recrean interacciones y comportamientos humanos.

Este tipo de dispositivos o juguetes inteligentes están entre los más demandados por los niños. Su conveniencia o no dependerá de diferentes factores como la edad, el uso que se haga, las horas que pasen jugando con ellos o si lo hacen solos o acompañados de los padres y/o cuidadores.

Los expertos recomiendan a los padres elegir juguetes que no estimulen demasiado, para alentar a los niños a usar su imaginación. Los doctores señalan que las habilidades sociales, emocionales y de comportamiento se desarrollan y mejoran cuando los niños usan juegos ‘off line’ para resolver problemas de la vida real.

Pero, por otro lado, es difícil nada a contracorriente, más si nuestros hijos ansían este tipo de juguetes porque todos sus amigos los tienen. En este sentido, privarles de alguno de ellos (no tienen por qué tenerlos todos) podría conllevarles cierta sensación de frustración y sentirse marginados con respecto al resto de niños de su edad.

Un estudio de la Academia Americana de Pediatría, ‘Pediatrics, ha recomendado a los padres que eviten que sus hijos menores de 2 años usen juguetes digitales interactivos y aplicaciones móviles especialmente diseñadas para niños pequeños, ya que “impide el juego creativo y las interacciones humanas que son esenciales para el desarrollo infantil”.

Los expertos de esta prestigiosa institución consideran que el tiempo total delante de una pantalla, incluido el uso de la televisión y el ordenador, debe ser inferior a una hora al día para niños de 2 años o más, recomiendan los doctores. Los niños menores de 5 años, por su parte, solo deben jugar con un ordenador o a videojuegos si son apropiados para el desarrollo, y deben estar con un padre o cuidador mientras juegan, aconsejan los pediatras.

Insisten en que las habilidades sociales, emocionales y de comportamiento se desarrollan y mejoran cuando los niños usan juegos ‘off line’. No obstante, y tal y como os recordamos siempre desde la web de xiquets.net, la última decisión os corresponde a vosotros. Es importante, en cualquier caso, fijar unas normas que los niños deben cumplir, tal y como sucede con el uso de los dispositivos móviles.

¿Por qué nuestros hijos ya no juegan en el parque?

Esas tardes de diversión en el parque, compartiendo risas y juegos. ¿Os acordáis? Quien más quien menos ha disfrutado jugando al aire libre en el pasado, en aquella época en la que era posible divertirse con cualquier cosa sin depender de una pantalla de móvil o del mando del videojuego. Recuerdos entrañables en muchos casos que nuestros hijos difícilmente podrán experimentar en esta sociedad tecnológica donde se poco al aire libre y, lo que se hace, generalmente deporte, está perfectamente pautado y minutado.

Porque hace unos años, lo más habitual era salir a la  calle y encontrarte en los parques de tu barrio a los niños jugando al fútbol o a las niñas jugando a la goma. O ambos al escondite o al cementerio. Hoy en día, esta imagen es cada vez menos frecuente, ya que todas estas actividades que se disfrutaban al aire libre, en la propia calle o en los parques, están siendo sustituidos por el auge de los videojuegos y de la tecnología

Lo cierto es que muchos padres de familia, cansados como estamos en muchos casos por una larga jornada laboral, prefieren quedarse en casa con ellos, para lo cual los citados videojuegos nos vienen francamente bien y los dispositivos móviles se convierten en el principal de distracción de los menores cuando acaban la escuela.

Ese cierto pero también entendible ‘egoísmo’ de los mayores fomenta en gran medida un ocio sedentario para sus hijos, pero resta tiempo para disfrutar con ellos en el exterior, lo que constituye según los expertos un valor seguro para su salud y desarrollo motor. Es innegable que los niños pasan cada vez más horas jugando con la Play Station o a la Nintendo. Sus mayores aspiraciones son conseguir cuanto antes los últimos videojuegos.

Jugar en el parque con otros niños, con la pelota, en los columpios, con los toboganes o en el caso de las niñas jugar a las muñecas o saltar a la comba conllevan una implicación física mucho mayor que en el caso de jugar a los videojuegos. Los niños se encuentran en plena fase de crecimiento, y que estos se muevan, hagan deporte y desarrollen sus capacidades motrices es fundamental para que crezcan de manera saludable.

En el parque se pueden hacer múltiples actividades y juegos. Pero eso lo dejamos para otro día. De momento, lo importante es concienciarse, en la medida de lo posible, de la importancia de salir al exterior, al aire libre con nuestros hijos y compartir diversión con ellos haciendo otro tipo de actividades no relacionadas con las tecnologías. Enseñarles a que se diviertan de otra forma. Porque si nosotros fuimos capaces, ellos también.

La higiene de nuestros hijos: Consejos y hábitos esenciales

El cuidado de nuestra salud engloba varias facetas: el descanso, la alimentación, hacer deporte…y muy importante: cuidar nuestra higiene. Como en todo, adquirir hábitos correctos y saludables es fundamental. Y conviene hacerlo desde edades bien tempranas para que los niños sean conscientes de su importancia y sigan los consejos y rutinas adecuadas.

El primer paso será que nuestro hijo disponga de todos los utensilios y productos necesarios para el aseo. Hablamos de cosas básicas como un peine, un cepillo de dientes con su pasta dentífrica, una toalla propia, su gel y champú, su colonia, etc. Es importante que lo reconozca como suyo y lo tenga en cuenta, tanto para utilizarlo como para guardarlo.

A partir de aquí habrá que acostumbrarlo a seguir unas rutinas y costumbres esenciales que, por desgracia, los mayores en muchas ocasiones no hacemos. En ese sentido convendrá que los padres os apliquéis para predicar con el ejemplo, como se suele hacer. La primera de ellas será lavarse las manos y las uñas para evitar la transmisión de infecciones. Recordar que los niños están gran parte del día manipulando objetos, jugando con otros niños y tocándolo todo, por lo que esta rutina es imprescindible.

Hay que enseñarles a lavarse correctamente con agua y jabón, sobre todo antes de manipular alimentos y comer, después de tocar animales, antes y después de ir al baño y, por supuesto, cada vez que estén sucias. Es recomendable empezar este hábito y rutina entre los 12 y 18 meses, ayudándolos para que poco a poco lo puedan hacer ellos de forma autónoma.

Si les pedimos que se laven las manos, no podremos pedirles menos con el resto de su cuerpo. Obviamente no es necesario que se duchen varias veces al día, pero sí que se familiaricen cada día con el baño, asociándolo con algo no sólo necesario sino también divertido. Poco a poco hay que mostrarles como frotarse y lavarse cada parte de su cuerpo para que vayan adquiriendo autonomía. Es preferible que el baño sea por la noche y a la misma hora, antes de la cena.

Lo mismo sucede con el cabello. No sólo se trata de que lo lleven limpio, sino también cepillado y aseado. En este punto habrá que estar más atentos para que lo hagan de manera correcta, protegiéndole los ojos. En el caso de las niñas, habrá que mostrarles todos los productos que suelen utilizar las mujeres al llevar el cabello más largo (por regla general), como mascarillas, acondicionadores…si bien esto último puede esperar a que tenga una edad más avanzada.

En cuanto a los dientes, conviene cepillárselos  después de cada comida. Es un hábito esencial que muchos jóvenes y adultos no siguen pero que les ayudará desde bien pequeños a prevenir caries, mal aliento y posibles enfermedades. Sobre los 18 meses podemos ir enseñándoles solo con el cepillo para que vayan tomando contacto y a partir de los 3 años pueden utilizar pasta de dientes especial para niños. Los dentistas aconsejan que el proceso dure alrededor de 10 minutos.

Las Redes Sociales: ¿Un peligro para nuestros hijos?

Es de ciegos y sordos, por no decir necios, el negar la importancia que tienen hoy día las redes sociales, tanto para mayores (adultos) como para adolescentes y niños. Su presencia y utilización está tan extendida que para muchos se han convertido en un bien de primera necesidad, una adicción de la que que no se pueden desprender o prácticamente una religión que profesar, con la facilidad que para ello nos dan los teléfonos móviles.

La cuestión no es tanto si utilizarlas o no, sino cómo hacerlo, especialmente si hablamos de menores. Ya sabéis que todo lo que subamos a la red queda registrado en ella, perdiendo el control que podemos tener sobre un material sensible y que puede ser utilizado con otros fines a los que en su momento tuvimos cuando los compartimos con familia o amigos a través de Facebook, Instagram o Youtube, por citar algunas de las redes más conocidas. Ante ello, los expertos aconsejan tomar una serie de precauciones para evitar situaciones desagradables que no acertaremos a controlar y de las que ni tan siquiera podemos percatarnos hasta que pueda ser tarde.

La primera medida a tomar es hablar con los propios niños para hacerles comprender la situación. Ellos mismos serán el mejor filtro si logramos su compromiso y responsabilidad, lo que siempre no resulta fácil. Asimismo debemos tomar otras medidas básicas como no permitir que compartan fotos en situaciones comprometidas, ya que existe un principio universal a partir del cual nadie puede usar nuestra imagen sin nuestro consentimiento y si así lo hace debe responder, desde lo jurídico, por los daños causados.

En general las redes sociales proveen mecanismos para eliminar contenido; una foto que posteamos en Instagram o un comentario hecho en Twitter, por ejemplo.  Incluso Facebook proporciona mecanismos on line para denunciar este tipo de situaciones que son consideradas por sus moderadores Pero aunque el contenido desaparece de la vista de otros, siempre permanece en el servidor de la empresa que puede utilizar esa información en el universo del big data.

Pero más allá de las posibilidades que ofrecen las propias redes sociales la educación que les demos a nuestros hijos será fundamental para sensibilizarnos sobre los posibles peligros y lograr que sean responsables y conscientes de lo que suben a internet. Ahora bien, para ello los propios padres, los adultos, debemos aplicarnos y hacer que cunda el ejemplo. Nos referimos a la moda de compartir fotos de nuestros hijos en las redes. En este sentido, y respetando siempre la libertad de cada individuo, se recomienda prudencia con las imágenes que subimos de nuestros hijos así como no proporcionar información a terceros que permita individualizar sus costumbres, sus colegios y sus hábitos. Recordad que existen ‘cazadores’ de niños y adolescentes en línea. No se lo pongamos fácil.

Videojuegos: Cuándo, Cuánto y a qué jugar

Los expertos reiteran que el juego es el mejor medio que tienen los niños para aprender destreza y habilidades cognitivas de todo tipo. Los videojuegos son un tipo más de juegos. Por tanto no conviene demonizarlos pero tampoco resignarnos a que sean el único modo de juego del niño, ni siquiera al que dediquen más tiempo.

Lo que está claro es que los tiempos y la sociedad han cambiado respecto a nuestra época. Por tanto, hoy en día, prohibir o evitar por sistema que los niños jueguen con dispositivos electrónicos no tiene sentido alguno, como tampoco lo tiene evitar que, a una determinada edad, nuestros hijos tengan un teléfono móvil. Al contrario, si el niño no participa de ese entretenimiento, será considerado raro por los demás y en algunos casos será rechazado. Por tanto, debemos ser realistas y centrar nuestros esfuerzos, como padres y educadores, en aconsejar e influir cuándo, cuánto y a qué.

Horarios: cuándo deben jugar

Después de cenar y en el periodo previo a irse a dormir, no se debe jugar, pues se estimula el cerebro y por lo tanto el cuerpo, lo cual va en contra del proceso fisiológico del sueño.

Tiempo: Cuánto deben jugar

Como ya se ha dicho, siempre debemos dar preferencia al juego al aire libre. Si los niños realizan este tipo de juegos con normalidad, no debería preocuparnos que jueguen con videojuegos en otros momentos. De 3 a 12 años, lo recomendable es dejar jugar a los niños entre una y dos horas máximo al día, sobre todo durante los fines de semana. Al menos eso es lo que recomienda la Asociación Pediátrica Americana. Ahora bien, a partir de esa edad el límite dos horas será ciertamente complicado de mantener. Por todo ello, es necesario poner normas en cuanto a que días y horas se puede jugar. Y no romperlas.

Temática: A qué deben jugar

A la hora de comprar un videojuego, hay que tener en cuenta su clasificación según el contenido. Al igual que las películas, los videojuegos tienen marcada cuál es la edad mínima para poder jugarlo. En España se sigue la normativa europea PEGI (Pan European Game Information), que establece la edad mínima aconsejable para cada juego. Antes de los 3 años los niños no muestran interés por los videojuegos, ya que no disponen de las habilidades cognitivas suficientes. A partir de esta edad lo recomendable son juegos donde el objetivo sea construir cosas sencillas, identificar animales o desarrollar habilidades de lecto-escritura, ya que a esa edad empiezan con ese aprendizaje en la escuela. Será también recomendable que los padres juguéis con ellos.

Al cumplir los 7 años los niños comienzan a ser más autónomos y poseen más habilidades cognitivas, por lo que los juegos tienen una mayor dificultad, exigen más atención y tiempo. ¡Atentos para que no se enganchen demasiado! Existen juegos recomendables de construcción, como Minecraft en su versión educativa o Lego Worlds. Son juegos muy libres, donde se puede hacer cualquier tipo de construcción, lo que fomenta la imaginación.

A partir de los 12 años la realidad cambia puesto que el niño ya es capaz de sostener la atención y concentrarse mucho tiempo. Por lo tanto ya adentrarse en juegos de alto nivel, tanto de habilidad como estrategia.

La frustración: un sentimiento necesario para madurar y crecer

Como padres, probablemente pocas cosas nos duelan más que ver a nuestros hijos enfadarse o sufrir por algún motivo. Pero la frustración que generan determinadas situaciones adversas es necesaria para que el niño experimente esta sensación, aprenda lo que es bueno y malo en la vida y sea capaz de elaborar recursos. La frustración es el camino de la inteligencia, la llave de la inteligencia, sostienen los psicólogos y pedagogos.

Los niños que no se frustran no aprenden en la vida, donde se van a encontrar con circunstancias difíciles. A buen seguro que, en algún momento de su niñez o adolescencia, se encuentran con situaciones complicadas que deben resolver solos, sin la posibilidad de recibir la ayuda de nadie. Y aquellos que no hayan elaborado previamente unos recursos necesarios para afrontar esta realidad lo pasarán muy mal para salir hacia delante.

Los psicólogos subrayan que la frustración, además de ser un sentimiento inevitable es, en muchos momentos, también una sensación necesaria. No podemos demonizarla sino que, como padres, debemos dar un giro de 180 grados y cambiar radicalmente nuestro punto de vista para ayudar a los niños a convivir con ella y superarla.

¿Qué tal un poco de sentido del humor?

Una buena estrategia para ello es hacer servir el sentido del humor. Con una sonrisa, una frase ingeniosa, una mueca cómplice sostienen los expertos que podremos restarle importancia al asunto, relativizarlo, aprender de él y superar esa sensación de fracaso. La frustración nos hace más personas, más humanos, más justos, más inteligentes. Por tanto hay que dejar que se frustren pero ayudándoles a superarlo.

La importancia de la inteligencia emocional

Relacionado con ello están algunos conceptos como inteligencia, la cual no es siempre sinónimo de conocimiento. Inteligencia es disponer de las habilidades y recursos necesarios para vivir: lo que se conoce como inteligencia emocional. Ello se adquiere cuando uno se conoce, se acepta y es capaz de sacar lo mejor de sí mismo. Debemos ayudar a nuestros hijos a que se conozcan mejor, sepan reaccionar y también se valoren. Que aprendan a escuchar, a razonar, a pensar…a vivir. Si nos conociéramos más seríamos más sociables y menos manipulables.

Acompaña a tu hijo a la biblioteca

Hace pocos días celebrábamos el Día de las Bibliotecas. Y no de las virtuales. Las de toda la vida, aquellas a las que hemos ido todos (en mayor o menor medida) cuando necesitábamos consultar algo en la enciclopedia, hacer un trabajo en grupo con los compañeros de clase, estudiar para algún examen o simplemente pedir prestado algún ejemplar de nuestro cómic favorito.

Pues quizás la celebración de esta efeméride sea una buena oportunidad para acompañar a nuestros hijos a la biblioteca municipal, o a la del barrio. Sí, es cierto. En internet encontramos prácticamente toda la información que necesitemos. Rápidamente, con un solo click. Pero ir a la biblioteca es mucho más que pasar una pantalla, conectarnos a google o mover el ratón hasta encontrar el término deseado. Es rodearnos de libros y de cultura, nos ayuda a escuchar el silencio y nos permite contagiarnos de un clima de concentración, tranquilidad e incluso relax.

Nos ayuda a recordar que los libros, los de siempre, los impresos, los de toda la vida, siguen estando presentes en las estanterías, esperando que los consultemos o que nos llevemos para saborearlos. Estas sensaciones son las que deben experimentar nuestros hijos o, al menos, tratar de conocerlas. Un lugar donde convive en harmonía mucha gente con diferentes inquietudes, conocimientos, objetivos y condición social, pero que sigue siendo un lugar de referencia para muchas generaciones. Déjale que curiosee, que pregunte, que busque títulos o libros, que toquetee (siempre con cuidado) y que experimente lo que es y se siente en una biblioteca.

Además, hoy día las bibliotecas están en sintonía con las nuevas tecnologías, de forma que el acceso a internet, los catálogos digitales, los libros electrónicos….también están presentes en la mayor parte de bibliotecas, propiciando un entorno digital en el que los niños se sentirán muy cómodos. Asimismo, y para los más pequeños, las bibliotecas preparan ciclos con cuentacuentos, actuaciones teatrales o presentaciones de títulos para un público infantil, lo que resulta entretenido y enriquecedor.

Recuerda que acercar a los niños a la biblioteca es acercarlos a los libros, al conocimiento, a la cultura y una forma romper la rutina que suponen las infinitas actividades extraescolares, los videojuegos o el entorno de su habitación, donde a menudo se agobia o se aburre cuando llega el momento de hacer la tarea del colegio.

Qué hacer si nuestro hijo se enfada mucho

Los niños tienen todo el derecho a enfadarse, al igual que los adultos. Pero hay momentos, motivos y edades. Por ejemplo: Si nuestro hijo coge una rabieta con 2 o 3 años, podemos considerarlo más que normal, puesto que aún no sabe controlar sus sentimientos y emociones. Pero si esta actitud persiste y se repite con asiduidad cuando el niño tiene ya 5 o 6 años, el tema puede ser más preocupante, es especial si este enfado va acompañado de una actitud protestona y poco colaborativa, lo que mostrará una evidente falta de control emocional que puede ir en aumento.

Motivos para el enfado

Partiendo de la base de que cada niño es diferente, dependiendo de sus características y entorno familiar, podemos destacar tres motivos que expliquen este mal comportamiento. El primero de ellos es la falta de límites, es decir, que el niño tiene ‘carta blanca’ de sus padres hacer lo que le plazca, lo que provoca que no tolere la frustración cuando no puede disponer de algo o las cosas no salen como esperaba. Sus padres no le ponen límites y hacen por él lo que no le sale. En consecuencia nos encontramos con niños tan exigentes como poco tolerantes e inseguros.

Otro motivo que explique esta mala actitud y enfado continuo es el hecho de que se trate de un niño que vive todas las cosas con demasiada intensidad y está sometido a un estrés emocional constante. No llega a desconectar, muchas veces debido a la exigencia de sus padres y a una agenda repleta de actividades extraescolares. Llega a la cama demasiado activo, no desconecta ni descansa como necesita.

¿Qué podemos hacer?

Ante ambos casos os recomendamos que seáis unos padres entregados y afectivos, pero que también sepáis poner límites  a vuestros hijos; que entendáis sus problemas y peculiaridades, pero que al mismo tiempo les exijáis conductas de acuerdo con su edad.

Pasar más tiempo junto a ellos, pero también dejarles más tiempo libre para que disfruten y se entretengan sin ninguna presión es fundamental, así como animarle a que haga las cosas por sí solo, sin miedo al fracaso. La comunicación real y efectiva con ellos pasa por compartir momentos con ellos pero sin exigirles más de lo que pueden dar, haciéndoles conscientes de la necesidad de cumplir y respetar una serie de normas básicas para la convivencia familiar y su propio desarrollo tanto dentro como fuera del cole.

Cuida los dientes de tus hijos

La salud dental es frecuentemente una de las que menos atención recibe. También en el caso de los niños. De hecho, los padres no solemos prestar mucha atención a este asunto hasta que nuestros hijos tienen los dientes definitivos. Sin embargo, los problemas bucales como la caries empiezan a gestarse mucho antes y no sólo causan dolor cuando aparecen en los dientes de leche, sino que también pueden causar dificultades en la salud, afectar a la autoestima del niño o incluso a su rendimiento escolar.

Recomendaciones para cuidar la salud bucodental de vuestros hijos:

– La salud bucodental de los niños es responsabilidad de los padres. Por eso os aconsejamos que os cepilléis los dientes junto a los niños. Los buenos hábitos se aprenden de pequeño, así que convierte el cuidado de dientes de tu hijo en una actividad diaria divertida (con la pasta y el cepillo que más le gusten e incluso un cuadro de recompensas).

-Cepilla los dientes con pasta con flúor. Desde la erupción del primer diente hay que limpiar los dientes como mínimo dos veces al día – por la mañana y antes de acostar al niño. Se recomienda utilizar un cepillo con cerdas suaves y una pasta con flúor con una concentración de 1000 partes por millón (ppm). A partir de los 3 años, se puede aumentar hasta 1450 ppm de flúor.

-No hay que mojar el cepillo con agua antes de cepillar los dientes, ni aclarar la boca con agua después para que el flúor remineralice los dientes correctamente. Es importante administrar poca cantidad de pasta y escupir la sobrante una vez acabado el cepillado.

-Controla el número de comidas diarias. Cuando no se deja suficiente tiempo entre ingesta e ingesta, la saliva no puede neutralizar los ácidos de la placa y los dientes están en riesgo de perder minerales importantes, que es lo que puede llevar a la creación de caries.

Y recuerda: Es necesario visitar al odontopediatra antes del primer cumpleaños. Para que así se pueda revisar el crecimiento de la mandíbula, la correcta erupción de los dientes y la posible aparición de caries. No olvides que existe una clara relación entre incidencia de caries en dientes de leche e incidencia de caries en dientes permanentes.

¿Padres sobre exigentes?

Son muchas las familias que presionan a los hijos, especialmente en el ámbito académico. Y no son pocos los padres que desean grandes cosas para sus hijos. Pero entre desearlas y fijarlas como objetivo hay un trecho. ¿Somos, como padres, demasiado sobre exigentes?

Una gran cantidad de padres están plenamente convencidos de que sus hijos rendirán más si ellos son muy exigentes, si en lugar de felicitarles por lo ya conseguido remarcan lo que aún tienen pendiente. Sin embargo no hay que confundir la cultura del esfuerzo, la importancia del sacrificio y de la constancia con el éxito, ya que éste depende de múltiples factores, algunos de los cuales no dependen exclusivamente de nuestros hijos. De hecho, hay algunos componentes importantísimos que no podemos dejar de lado como son los propios límites cognitivos de los niños y niñas (no todos tienen la misma capacidad para las mismas cosas) así como los intereses, sentimientos y motivaciones que pueden tener en cada momento y en cada edad.

¿Qué ocurre cuando se pide demasiado? Todo depende de las capacidades, de los intereses y del carácter del niño. Los expertos sostienen que, siempre que se pueda y se quiera alcanzar metas elevadas hay que intentarlo, pues es posible que el niño adquiera un rendimiento óptimo y acabe desarrollando una personalidad exigente y perfeccionista, como la de sus progenitores. Pero, por el contrario, si los objetivos le resultan inalcanzables o no le gustan, se frustrará, se bloqueará o se rebelará. En todo caso, lo normal es que acabe siendo una persona insegura, dependiente, con baja autoestima, predispuesta a la ansiedad y con poca emotividad y espontaneidad. ¿Por qué?

De entrada, porque los padres exigentes con frecuencia aplican un estilo educativo autoritario, se muestran intransigentes y tratan de controlar todo lo que hacen sus hijos para que respondan a sus objetivos. Es necesario que adquieran criterio y no se conviertan en personas dependientes, para lo cual es necesario que esos valores que se le inculquen también los interioricen.

Tan importante es exigir como dar cariño y comprensión para que los  niños combatan su fragilidad y miedo al fracaso.  Hay que separarles de la ansiedad, el miedo y las fobias. Comunicarnos mucho con ellos, interesarnos por sus sensaciones y procurar que expresen emociones y preocupaciones. De esta manera adquirirán seguridad y superaran momentos delicados donde la baja autoestima se convierte en el peor de los enemigos, agravando cualquier situación compleja.