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Educar desde ser

Educar desde ser

Hoy queremos hablaros de estos dos conceptos, entendidos, para ponernos de acuerdo, con las siguientes definiciones:

  • Autoridad: Prestigio y crédito que se reconoce a una persona o institución por su legitimidad o por su calidad y competencia en alguna materia.
  • Poder: Ser más fuerte que alguien, ser capaz de vencerle.

La diferencia sería que la autoridad, así entendida, nos la ganamos… como cuando consideramos a una persona ‘autoridad’ en una materia concreta, por su sabiduría y conocimientos en dicha materia. Y el poder nos viene dado por nuestra posición.

Tanto si somos padres o como si somos educadores ello nos confiere de por si un determinado poder con el que partimos. Eso en principio no es ni bueno ni malo, es más, en ciertas circunstancias es necesario para asegurar la supervivencia de nuestros hijos o alumnos, como cuando les alertamos de situaciones peligrosas o lo utilizamos para asegurar su integridad física.

Sobre lo que quiero hoy reflexionar es sobre los momentos en los que utilizamos nuestro poder exclusivamente para resolver MÁS RÁPIDAMENTE circunstancias que simplemente nos son incómodas y que sabemos que con el ‘aquí soy yo quien manda’ terminan antes. Esos momentos en los que no somos capaces de pensar en el medio plazo y en las consecuencias que puede tener para nuestros hijos cómo se resuelva una situación y pensamos exclusivamente en nuestras necesidades como personas, que está claro que las tenemos, lo que sucede es que como padres nuestra responsabilidad es tener en cuenta a la vez cuáles son las necesidades de nuestros hijos y cómo repercute aquello que hacemos en el medio y largo plazo.

Porque el resolver una situación cuando no es necesario con ‘aquí soy yo quien manda’, a medio plazo lo que genera es niños y personas incompetentes emocionalmente, sin habilidades de resolución de conflictos más allá de la pura imposición de mi visión sobre la del otro. Y es que, en términos generales, a nosotros no nos han educado para saber resolver conflictos y no entendemos al 100% que los conflictos son SIEMPRE oportunidades de aprendizaje, que solemos desperdiciar simplemente porque nos incomodan.

Señores, salgamos de una vez de nuestra zona de confort, gestionemos los conflictos con nuestros hijos como las oportunidades de aprendizaje que son tanto para ellos como PARA NOSOTROS y en el medio plazo conseguiremos que tanto ellos como nosotros seamos personas con mayor capacidad de ESCUCHA y DIÁLOGO, y no se requiere mucho más.

Seamos autoridades en la materia.

www.educardesdeser.es