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Cueva de las calaveras.

Cueva de las calaveras.

Hace mucho tiempo los moros y los cristianos luchaban ferozmente entre sí. Imagínate, donde ahora vivimos tranquilamente antes se peleaban sin descanso.

 

Esta historia cuenta una batalla entre el Cid Campeador y un gran rey moro. El Cid era conocido por su valor e inteligencia: él y su ejército consiguió expulsar a los moros que había en Valencia, y continuaba bajando hacia Alicante. No se rendía, y nadie se le escapaba.

Uno de sus enemigos Alí-Moho, le esperaba. Decía: “¡que venga, a ver quién es más listo!”

El Cid y Alí se encontraron en una batalla. Los dos ejércitos se plantaron cara y lucharon bien, pero cuando las tropas castellanas estaban apunto de ganar… ¡el rey moro consiguió huir!. A veces no se puede vencer a la primera. El Cid no se rindió y lo persiguió con su ejército. A lo lejos vieron cómo el rey moro y sus hombres y mujeres se refugiaban en una cueva, en la montaña. Decidió esperar. Dio la orden de acampar, y dijo:

- Descansemos. Mañana iremos allí y haremos que se rindan.

El rey moro se había librado por poco, pero ahora tenía un problema más grande: no conocía la cueva.

La noche cayó, y mientras el Cid dormían tranquilamente esperando al día siguiente para atacar, los moros buscaban una salida por la otra parte de la montaña. No tenían tiempo.

 

Por la mañana del día siguiente el Cid y los hombres entraron en la cueva. Al principio estaban enfadados, pero luego se quedaron sorprendidos. ¡No había nadie! Fueron al final de la cueva, por arriba, por abajo, y solo encontraron un río. Agua.

Los castellanos salieron pensando que se habrían ahogado, vamos, que habían ganado la batalla. Pero no sabían que el río que habían visto salía de la cueva y pasaba por los pueblos cercanos. ¡El ejército moro se libró, nadando a través del agua!