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Con el bebé a todas partes

Con el bebé a todas partes

Al contrario que otros mamíferos, el bebé humano nace prematuro. Las crias de otros mamíferos al nacer ya pueden incorporarse y andar, sin embargo el bebé humano es dependiente de la madre o padre durante mucho tiempo después del nacimiento, para todo: desplazarse, alimentarse, ser protegido... Para poder mantenernos erguidos, los humanos tenemos la pelvis más estrecha que otros animales y por tanto nuestros bebés tienen que nacer antes de estar preparados, porque de otra manera no podrían pasar por el canal del parto. Las condiciones de vida ideales pues para estos bebés son las que con más fidelidad recreen el útero materno.

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El constante balanceo de ir en un portabebés, la sensación de ir suavemente apretado, el calor, poder oír el corazón y la voz de la madre o del padre... todas estas sensaciones que ya ha vivido en el embarazo transmiten tranquilidad y seguridad al bebé . Los niños portados permanecen más tranquilos y lloran menos, porque tienen un mayor bienestar que cuando van solos en el carrito. De hecho, es el contacto con la piel lo que aumenta la producción de oxitocina y endorfinas, provocando una sensación placentera.

Desde el punto de vista físico, los portabebés ergonómicos (Manduca, Caboo, fular elástico) mantienen al niño en la posición más correcta para sus caderas y espalda, conocida por la posición ranita. En realidad esta posición es lo más parecido a la postura que tiene el bebé cuando está dentro del útero y consiste en tener las piernas abiertas unos 100 grados y flexionadas de tal manera que formen un ángulo de 45 grados hacia arriba y el culito del bebé quede más bajo que sus rodillas. Actualmente muchas conocidas marcas de puericultura ofrecen al público portabebés, como mochilas “de nueva generación”. Habitualmente observamos que las piernas del niño van estiradas con respecto al resto del cuerpo y no dobladas en la posición adecuada. Al llevar las piernitas estiradas, el peso del bebé recae sobre la zona genital en vez de sobre su culito, y la espalda adquiere una postura no fisiológica.

El constante balanceo agiliza el desarrollo vestibular (del equilibrio) del bebé. Se acostumbra al ritmo de ir caminando y a adaptar su visión al rebote de las pisadas y esto favorece su correcto desarrollo neuronal, y le prepara para el día en que él empiece a caminar.

Llevando al bebé en portabebés además se le integra en la vida cotidiana: ve a la gente al nivel de sus ojos, observa cómo su portador se relaciona con otras personas, la gente le saluda. Esto le proporciona una gran cantidad de estímulos beneficiosos para su desarrollo y sienta las bases para sus futuras interacciones sociales.

Pero seguramente lo más importante de llevar al bebé es el vínculo afectivo que se crea con el portador. Con el contacto continuo se establece una relación muy especial entre el bebé y la madre o el padre. Éstos aprenden a reconocer las necesidades del bebé más fácilmente, y se establece una comunicación no-verbal excelente donde el adulto sabe distinguir en seguida si el niño tiene sueño, hambre, está incómodo, etc. Eso también aporta al bebé seguridad y confianza, ya que sus necesidades son atendidas antes y no tiene que llorar para comunicarse.

Hasta los 4 meses la posición más adecuada para llevar al bebé es mirando hacia el pecho de la madre o el padre. Hasta esta edad los bebés pueden experimentan lo que sucede a su alrededor como un autentico bombardeo de estímulos que puede llegar a ser estresante. En el portabebés pueden refugiarse de dicha sobrecarga de estimulos y relajarse con el sonido del corazón. A partir de los 4 meses aproximadamente (o cuando empiezan a sostener solos la cabeza), los bebés empiezan a ser más capaces de interactuar con el exterior y parecen interesados en todo lo que sucede. Cuando el bebé empieza a girar el cuello constantemente está preparado para llevarlo a la cadera y poder investigar el mundo exterior. Para dormir claro seguirá prefiriendo la posición inicial. Cuando el bebé alcanza cierto peso es aconsejable empezar a llevarlo a la espalda cuando necesitemos llevarlo por largo tiempo ya que delante sería demasiado pesado.

Aunque los bebés ya anden habrá cientos de ocasiones en los que se cansen o prefieran ir altos por seguridad. Los fulares elásticos son fantásticos para los 8 – 12 primeros meses mientras que mochilas como la Manduca son lo más recomendado para cuando el bebé pesa más, aunque éstas últimas se pueden usar también desde el nacimiento. Las bandoleras en las que el peso está solo en un hombro son solo recomendadas para los primeros  6 – 8 meses ya que para la espalda del adulto es más ergonómico repartir el peso en dos hombros.