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Las fallas también son de niños

Las fallas también son de niños

Ya están aquí. Las fallas ya están tomando las calles de poblaciones de La Marina como Dénia, Benidorm, Calpe o Pego. Monumentos y ninots ocupan barrios, cruces y avenidas para llenar de música, olor a pólvora y mucha fiesta estos días cercanos a San José. Una celebración de la que se habla mucho, aunque casi siempre en clave macro: grandes presupuestos, grandes fallas y grandes falleros. Pero, ¿Y qué hay de los pequeños? ¿Qué hay de los niños?

No hay que olvidar que el mundo de las fallas se nutre, y mucho, de la cantera. Todas las fallas tienen comisión infantil y la denominada xicalla (término que procede de xiquets, que significa niños, en valenciano) constituye uno de los pilares fundamentales, tanto por la cantidad como por la calidad. Muchas veces la comisión infantil supone gran parte del grueso de la falla, además de arrastrar consigo a familiares y amigos. Pero es que, además, los pequeños contagian con su alegría, sonrisa y espontaneidad a los más mayores.

Monumentos

No hay que olvidar tampoco que los monumentos infantiles también compiten por premio y dan pie a fallas tan delicadas como bellas. Su menor dimensión obliga a los artistas a crear moldes más pequeños y a dibujar, en un muy poco espacio, un mundo propio, pues si las fallas son  sátira, expresividad e imaginación, sus hermanas pequeñas son sinónimo de inocencia, ilusión y fantasía. Tienen un tamaño limitado de hasta tres metros y su lema suele tener relación con el mundo infantil. En los últimos tiempos proliferan los monumentos inspirados en los personajes de Disney y de la televisión, aunque también se tocan otros temas como los cuentos tradicionales, la familia y sus preocupaciones

Orígenes

En cuanto a sus orígenes, cabe decir que las fallas infantiles fueron creadas por los propios niños. Se estima que fue a finales del siglo XIX cuando los habitantes más jóvenes de Valencia construían sus propias fallas con cajas de cartón y muñecos, o simplemente con trastos viejos, y las plantaban en las calles y plazas de la ciudad para quemarlas el día de San José. A imitación también de aquellos primeros falleros mayores, recorrían las calles pidiendo materiales para su monumento y colaboración económica para pagar los gastos de su fiesta, como los fuegos artificiales de la cremà.

Pero la complejidad que iba adquiriendo la fiesta de las Fallas, que obligaba a reglamentar cada vez más la fiesta acabó con estas primeras fallas infantiles. Las fallas infantiles realizadas por los propios niños desaparecieron del todo en los años cincuenta, cuando en 1952 se obligó que cada falla adulta “tutelara” una falla infantil. Desde entonces, cada comisión fallera planta en su demarcación una falla grande y otra infantil, y los niños perdieron el control de su fiesta, que pasó a depender de los mayores.

Sin embargo, no se ha perdido del todo esa antigua manera de vivir la fiesta. Muchos niños valencianos siguen construyendo fallas: en el colegio, antes de las vacaciones de la semana fallera. Por otra parte, la recogida de trastos viejos para quemarlos se sigue realizando en muchas comisiones falleras como un acto más de la fiesta.