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¿Andadores sí o andadores no?

¿Andadores sí o andadores no?

La utilización o no de los andadores, también conocidos popularmente como Tacatás, es un tema polémico y en ocasiones hasta conflictivo. Hay muchos padres, probablemente llevados por la tradición de lo que han vivido en casa (aparecieron en los años 60 y 70 en nuestro país) que durante el primer año del niño –justo antes de que empiece a caminar por sí mismo- deciden poner a su pequeño un andador que le facilite la tarea de andar.

Sin embargo, y contrariamente a lo que a veces se piensa, el tacatá no enseña a andar al bebé antes ni mejor, aunque no por ello se puede catalogar como perjudicial. Todo dependerá de cuánto tiempo lo utilice y en qué momento comience a hacerlo.

Hay que dejar claro, en primer término, que el andador no estimula el gateo, un ejercicio estupendo en esta edad, ya que el niño no tiene necesidad de hacerlo al poder desplazarse sentado. Además, aunque el tacatá fortalece las pantorrillas y los tobillos, el niño no ejercita con él los muslos ni los músculos de las caderas, imprescindibles para caminar, y por ello tal vez adopte malas posturas cuando empiece a andar solo.

Por esto mismo, si el niño lo utiliza demasiado a menudo y durante mucho tiempo, algunos expertos subraya que incluso podría llegar a causarle malformaciones en las rodillas y en los pies, aunque hablamos de casos no habituales.

En cambio, cuando el niño ya camine con relativa facilidad, sí puede ser un  complemento ideal y muy útil como carrito que pueda empujar a la velocidad que desee y le ayude a mejorar su estabilidad.

El llamado también corre pasillos igualmente puede ser interesante como primer vehículo de nuestro hijo, ya que le ayudará a avanzar con facilidad impulsándose con los pies. Y hacerlo de forma divertida. Y también puede valer al niño para transportar sus juguetes y pasear a sus muñecos.

Lo que siempre debemos tener en cuenta es que los pies de los niños deben llegar con facilidad al suelo cuando estén subidos al andador.