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Culo veo, culo quiero

Culo veo, culo quiero

Los niños, y esto no va a ser una novedad, son un grupo de consumidores sobre los que la publicidad y el marketing se emplea a fondo.

Las marcas contratan a expertos en pedagogía infantil con el fin de hacer llegar su mensaje lo más fácilmente posible. Conforme la sociedad se moderniza, las marcas han de concretar más a quien se dirigen con cada anuncio, con el fin de que todos compren, y cada uno atraído por un mensaje diferente. El mismo producto se vende de una forma para padres, y de otra diferente para niños.

¿Cuál es el resultado, si nosotros, los padres, no tenemos un control sobre la influencia de la publicidad? Allen Kanner dice que los niños de ahora tienen inquietudes, en su mayoría, relativas al consumismo. Si hablan del futuro, se ven ganando dinero. Si están con sus amigos, un tema de qué hablar serán las novedades en los productos afines a su personalidad. Pero, y esto es lo peligroso, la misma personalidad, los valores humanos, se olvidan.

Quizás sea más fácil hablar a través de marcas que llevan con ellos desde que tienen consciencia.

De hecho, Kanner cita estudios que demuestran que niños de 36 meses pueden diferenciar hasta cien logotipos de marcas conocidas.

Está claro que son un público objetivo preciado: empiezan a tener su propio dinero (sin gastos, ni obligaciones), influyen en decisiones familiares, y, claro, los pequeños consumidores de hoy serán los grandes compradores de mañana.

Antes de ponernos a favor o en contra de la publicidad, es conveniente generar un clima en el que sea cómodo y sano hablar de dinero y consumo. La publicidad, cuando entra en casa, está para plantear interrogantes en primer lugar. Y, luego, transmitir estos interrogantes a nuestros hijos.

Debemos preguntarnos por la necesidad del producto. Debemos preguntarles por la necesidad de eso que tanto quieren comprar.

Debemos preguntarnos por el bien que proporcionará al núcleo familiar. ¿Qué pasaría de comprar ese Scalextric? ¿Entraría en conflicto con ciertas rutinas del hogar?

¿Entienden tus hijos el valor del dinero del que se dispone en casa? Hazles ver que todo gasto debe efectuarse en proporción a los ingresos.

Por último, y en un campo más psicológico: ¿quién de sus amigos lo compraría? ¿qué personas de confianza también comprarían?