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Golpes de calor en los niños. ¿Cómo evitarlos?

Golpes de calor en los niños. ¿Cómo evitarlos?

No hay duda de que las elevadas temperaturas a las que estamos sometidos en verano pueden constituir un riesgo para nuestra salud. Si hablamos de niños, ese riesgo todavía es mayor. ¿Por qué?

La Asociación Española Pediatría (AEP) señala la temperatura corporal de los niños sube entre tres y cinco veces más rápido que en los adultos. Los motivos fundamentales es que su reserva de agua es menor. Además,  los mecanismos para regular la temperatura corporal son menos eficaces en los menores debido a que a su proporción superficie de piel/masa corporal es mayor, lo que les lleva a acumular más calor; y a que tienen menos autonomía para beber.

¿Cómo saber si mi hijo está sufriendo un golpe de calor?

Algunos de los síntomas típicos del pequeño que ha sufrido un golpe de calor, como ocurre cuando queda encerrado en un coche expuesto al sol, son fiebre y piel muy caliente (con sudor o sin él), respiración agitada, aumento de la frecuencia cardiaca, dolor de cabeza, irritabilidad, vómitos, sed muy intensa, decaimiento y disminución del nivel de consciencia. En los casos más graves también se producen convulsiones.

¿Qué hacer?

Para bajar la temperatura del cuerpo del menor, además de llevarlo a un sitio más fresco, se puede sumergirlo en agua tibia o bien aplicar compresas frías en su cabeza, que debe estar en una posición más elevada, y en el resto del cuerpo. Estas compresas se deben cambiar con mucha frecuencia, ya que se calientan en muy poco tiempo. La acción de un ventilador también es muy beneficiosa en estas circunstancias.

Si el niño está consciente, hay que darle de beber agua o, si es posible, líquidos con sales, como soluciones de rehidratación. El ofrecimiento de bebida también se debe repetir de vez en cuando.