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¿Hacen nuestros hijos demasiados deberes?

¿Hacen nuestros hijos demasiados deberes?

Seguro que os llama la atención la gran cantidad de ejercicios y tareas escolares que tienen que hacer vuestros hijos cada tarde, cuanto terminan el colegio. Lo comparáis con la situación que vivisteis vosotros a su edad y aparece la pregunta: ¿Tienen nuestros hijos demasiados deberes?  

Tareas repetitivas, mecánicas e iguales para todos, sin tener en cuenta las necesidades de cada niño y familias cuyo tiempo libre está condicionado a lo que han decidido los profesores son las quejas más repetidas por muchos padres. Opiniones hay muchas. Para algunos expertos, los niños deberían pasar un máximo de 40 minutos diarios al final de primaria, y cerca de una hora en secundaria haciendo sus deberes del colegio, aunque también añaden que para ello es fundamental que los profesores se coordinen.

Para muchos educadores, las tareas quitan tiempo al juego y a la relación con otros niños, que son tan importantes como el propio desarrollo académico. Es más, un artículo del informe PISA pone en duda la existencia de una necesaria correlación entre horas de deberes y rendimiento académico, subrayando que los alumnos con apoyo en casa obtienen mejores resultados, pero no por hacer más deberes, sino porque tienen un ambiente culturalmente más enriquecedor.

El propio informe PISA, que evalúa los conocimientos en Matemáticas, Lengua y Ciencias de los alumnos de 15 años de los países de la OCDE, sitúa a los alumnos de Finlandia en las primeras posiciones, aunque sea el país cuyos alumnos dedican menos horas a los deberes. Pese a ello, los defensores de los deberes arguyen la necesidad de crear hábito de estudio, especialmente en Primaria.

Desde la perspectiva de los profesores, a los que se suele demonizar en estos casos, son en muchas ocasiones los propios padres los que exigen en demasía a sus hijos, pues quieren que estén ocupados identificando cantidad de deberes con calidad de aprendizaje.  Y es que los deberes están tan arraigados en la cultura escolar de los propios padres que muchos los consideran una rutina indispensable o una suerte de condena ineludible por la que pasaron ellos y a la que, ahora, deben hacer frente sus hijos.

Sea como fuere, el debate está servido.